Comercio Local

1987: Crónica de la primera Feria de Alcalá en San Juan

 1987: Crónica de la primera Feria de Alcalá en San Juan

Reportaje gráfico: José Antonio García Cordero

A mediados de los años ochenta, la continuidad de la Feria en el Castillo era inviable. Las razones para trasladar la sede desde tan emblemático lugar al actual recinto de San Juan parecían contundentes. El primero y más claro de los motivos tenía que ver con el crecimiento de la población de Alcalá. De los 20.500 habitantes en la década de los cuarenta –fecha en la que la Feria se ubica junto al santuario del Águila, después de su permanencia en el entorno de la plaza del Duque– se había pasado a los cerca de 45.500 vecinos que tenía la ciudad en los ochenta. Con ello, lógicamente, aumentaron el número de visitantes a la Feria y las demandas de entidades que deseaban instalar allí sus casetas.

Crecía la población y, a su vez, se complicaban los accesos al recinto ferial –por una única y estrecha vía–, las infraestructuras y las plazas de aparcamientos resultaban insuficientes, el montaje y el transporte de cargas pesadas suponían una tarea penosa… Pero, sobre todo, para tomar aquella decisión se partía de dos premisas indiscutibles: la del patrimonio histórico-artístico, es decir, la amenaza y el deterioro progresivo de un conjunto como el del Castillo; y la de la seguridad o, lo que es lo mismo, los riesgos a los que se exponía el público ante un posible incendio u otra contingencia. Espacio, comodidad y protección que sí ofrecían las nuevas instalaciones proyectadas por el Ayuntamiento de Alcalá en la zona de San Juan, a pocos metros del río Guadaíra.

De modo que, por más que los nostálgicos rechazaran el cambio y enarbolaran la bandera de un supuesto romanticismo de aquella “Feria en el cielo”, como la bautizó el cronista Fernando de los Ríos, la sede debía moverse por argumentos objetivos. Incluso, una vez calibrado el peligro asumido, podría considerarse tardío ese traslado que se efectuó finalmente en 1987. En otra esfera, en cambio, se situaba la modificación de la fecha de celebración, puesto que la Feria se reasentó no solo en el espacio, sino también en el calendario; y pasó de festejarse en agosto, coincidiendo con los honores a la patrona, a hacerlo a finales de junio. Una cuestión esta, la de la fecha, que todavía sigue estando en el aire, abierta a debate.

Sobre aquellos farolillos, casetas y espectáculos que se reunían en torno a la Virgen del Águila se han publicado decenas de artículos, sobre todo en la desaparecida y centenaria Revista de Feria, casi todos tendentes al recuerdo idealizado, melancólico y hasta lacrimógeno. Sin embargo, muy poco se ha contado y se ha visto de la primera Feria en la amplia explanada de San Juan. ¿Cómo fueron los preparativos en 1987? ¿Qué ocurrió en el estreno de la fiesta en su nueva ubicación hace ya 33 años?

Boceto de la portada de Feria de 1987
Boceto de la primera Caseta Municipal en San Juan, que recordaba a los puestos de agua que existían en Sevilla a principios del siglo XX y que permitía entrar mucho aire por sus laterales

A través de recortes de prensa de la época, tenemos constancia de que se llegó al límite en la adecuación del nuevo Real. Durante el primer semestre de 1987, bajo la supervisión del entonces delegado de Fiestas, Bernabé Sánchez, se desarrollaron las obras sobre un terreno que no deslucía para nada en vistosidad, al tener como telón el Parque de Oromana. Precisamente, esa simbólica imagen del recinto vacío, con la arboleda y el hotel al fondo, fue la elegida para el cartel de Feria de ese año, que diseñó el pintor sevillano Máximo Moreno –hermano del cantante y humorista Josele y del cantautor Benito Moreno–, muy popular entonces tras haber firmado portadas de discos para el grupo Triana.

El delegado de Fiestas, Bernabé Sánchez, junto a la portada de Feria

El día fijado para la inauguración oficial de la Feria fue el miércoles 24 de junio de 1987, al que se llegó con “un ligero retraso en el horario”, según relataba el periodista Diego García en las páginas de ABC de Sevilla. A esta especial prueba del alumbrado asistieron las primeras autoridades municipales, con el alcalde Manuel Hermosín a la cabeza, y, como “invitado de honor”, el cónsul general de Venezuela en España, Francisco Guevara Lloveras. Fuegos artificiales y el corte de las cintas –con los colores de las banderas de España y Venezuela– acompañaron al acto, que se completó con las primeras actuaciones en la Caseta Municipal, en la que intervinieron el Coro Rociero junto a la Banda de Música de Alcalá.

El alcalde Manuel Hermosín, junto a miembros de la Corporación, en la prueba del alumbrado

Las cifras, tan típicas en la prensa en cada inicio de Feria, decían que se levantaban 84 casetas en el nuevo recinto, que disponía de casi 90.000 metros cuadrados de terreno; además de colocarse unas 50.000 bombillas y unos 4.000 puntos de luz en la novedosa portada, que se alzaba sobre una base permanente adornada con pequeñas fuentes en los extremos. Por su parte, en el otro extremo, una “calle del infierno” mucho mayor a la conocida anteriormente en el Castillo sorprendía a niños, adolescentes y también adultos. Sin duda, el incremento y la variedad de los populares “cacharritos” fueron uno de los grandes atractivos de aquella Feria de 1987.

La nueva “calle del infierno”

En el programa de actos de aquella Feria se anunciaban diversas actividades culturales y festivas, como, por ejemplo, las llevadas a cabo por la Unión de Radioaficionados de la localidad, los paseos de caballos por el Real, las carreras de cintas o un meritorio cartel taurino con dos espectáculos. Por un lado, el viernes 26 de junio de 1987 se celebró una primera novillada con picadores, con toros de Diego Puerta, para Miguel Báez ‘Litri’, Rafi Camino y Juan Manuel ‘Alcalareño’. Mientras que al día siguiente, el sábado 27 de junio, sería el turno para los toros de Carmen Villadiego, que lidiaron José Luis Torres, José Luis Peralta y el triufador de aquella tarde, el coriano Manolo Corona, que cortó tres orejas. Los precios de las localidades estaban entre las 500 y las 400 pesetas, ya fueran estas de sombra o sol. La taquilla previa se ubicaba en el Bar España.

En cuanto a las competiciones deportivas, que solían secundar a la Feria, se detallaban torneos de petanca “con participación de catorce equipos”; el X Open Ciudad de Alcalá de ajedrez, convocado por la Peña Oromana; el Trofeo de Ciclismo Nuestra Señora del Águila, con un recorrido de 120 kilómetros; el II Bollo de Plata de tiro al plato; carreras de galgos, organizadas por la Peña Galguera, y tiro de codorniz. Una Feria y unas actividades que, 33 años después, parecen ya de otro tiempo.

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José Romero

Periodista y guionista, coordinador de '41500 Revista digital de Alcalá'