Comercio Local

Aplausos e insultos

 Aplausos e insultos

Si algo me está dejando el confinamiento es la oportunidad de ponerme al día en series y películas que querría haber visto hace tiempo. Como Mientras dure la guerra, película de Alejandro Amenábar ganadora de cinco Goyas. Sin meterme en honduras ni hacer spoiler, les contaré que el filme retrata la vida de Miguel de Unamuno durante el alzamiento de julio de 1936. Tranquilos, no voy a hablarles de lo mal que lo hicieron unos y lo extremadamente bien que lo hicieron otros. Todo lo contrario. Me sorprendió lo increíblemente actual de una historia sobre hechos ocurridos 84 años atrás.

El coronavirus nos ha dado una bofetada en la cara que casi nos tira de espaldas; tanto, que un par de meses después aún estamos tambaleándonos, esforzándonos por no despeñarnos. Esto es así aquí y en Pekín, pasando por Londres y Nueva York. La magnitud de la catástrofe es indiscutible. Sanitaria, económica y social. Profundamente desgarradora, porque a los fallecidos, al desempleo y al emprobrecimiento habrá que sumar la tremenda fractura de nuestra sociedad. Quién nos iba a decir que sería un virus y no los rojos o los fachas los que acabarían desgarrando por completo el pacto social alcanzado por nuestros padres o abuelos durante la Transición.

Seguro que lo que les cuento no les está sonando a chino. ¿Quién no recibe casi a diario whatsapps de lenguaje muy ofensivo censurando la gestión de esta crisis? ¿Quién no ha entrado en Facebook y se ha encontrado con posts señalando lo inútiles que son quienes deciden sobre el confinamiento, la desescalada y la nueva normalidad? Por no mencionar a Fernando Simón, al que se le debe de estar cayendo todo continuamente de las manos desde hace ocho semanas.

No, no estoy afiliada a ningún partido y no pretendo utilizar estas líneas para defender a nadie. Veo que se han cometido errores y que seguramente habrá muchos aspectos que se podrían haber gestionado mejor. Lo veo claramente y comparto la crítica en ese sentido. Lo que no compro es el odio que destilan las palabras de tantos y tantos ciudadanos de bien–podría añadir cincuenta veces la palabra tantos y me quedaría corta–. ¿De dónde nace ese odio tan furibundo? ¿En qué lugar del alma se tenía guardado?

Si creen que exagero, sigan a través de Facebook una de las ruedas de prensa de Fernando Simón y fíjense en los comentarios que va recibiendo. Escalofriante. Los insultos, las descalificaciones e incluso los deseos de que le suceda todo lo malo habido y por haber. ¿De verdad es necesario increpar a alguien así sólo por ser la cabeza visible de la gestión de esta crisis? Que sí, que se han hecho muchas cosas mal; que no hay excusa. Pero que para resarcir eso están las urnas. No Facebook, ¡las urnas! ¿Enviar mensajes de odio es todo lo que nos nace como ciudadanos ante esta catástrofe? ¿Aplaudir e insultar?

Fernando Simón (quien por cierto no me toca nada a pesar de la coincidencia apellidística) es director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias del Ministerio de Sanidad desde 2012. Desde 2012. Que no lo ha nombrado este gobierno. Que estaba ahí desde 2012. Por ejemplo, gestionando la crisis del ébola que se saldó en España con un infectado en suelo patrio. Ha ejercido la medicina en pueblos de España, en África, en América Latina y como voluntario de Médicos Mundi. ¿No se merece el beneficio de la duda?

Y si conforme vayamos conociendo datos ciertos (hechos contrastados, no tuits de me-han-dicho-me-he-enterado) resulta que este hombre no ha dado pie con bola, pues efectivamente será el momento de pedir su cese. Su cese, no que se le despelleje ni que se le queme en una hoguera en la Puerta del Sol. Es más, si resultara que este hombre tiene responsabilidad penal por alguna acción, pues para eso están los tribunales. Lo contrario se llamaba Inquisición y nos retrotrae a una época muy oscura de nuestra historia.

Me duelen todos y cada uno de los muertos que ha dejado esta pandemia. Y los parados, y aquellos que ya estaban en situación precaria y a los que esta crisis ha acabado arrancando la esperanza de vivir una vida normal. Pero ¿cómo les ayuda nuestro odio? ¿Creemos que las cosas se pueden hacer de otra manera? Pues que no se nos olvide cuando llegue el momento de votar. El año pasado, en las elecciones generales de noviembre, fuimos a votar 24.365.851 españoles (69,87%). Otros 10 millones se quedaron en sus casas. ¿Se acordarán de pasar por las urnas en la próxima? ¿O es que tampoco nos gusta votar? Ah, ¿que lo que no gusta es mi opinión? Tranquilos, pueden encontrarme en Facebook.

Compártelo

Virginia Simón

Periodista, experta en Dirección de Comunicación Empresarial e Institucional. Alcalareña de nacimiento, ha desarrollado su carrera profesional entre la información deportiva, la comunicación corporativa y los nuevos formatos de comunicación en la era digital. En su proyecto más reciente, el programa de televisión 'Escala Sur', compartió espacio con el también alcalareño Roberto Leal. En constante proceso de formación y aprendizaje, defiende la palabra como una de las herramientas más valiosas del ser humano. Y es que, por la comunicación los conoceréis.