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El arroyo de El Novillero y un pozo artesiano como testigo de la cultura del agua

 El arroyo de El Novillero y un pozo artesiano como testigo de la cultura del agua

Arroyo de El Novillero / Fotos: Francisco Gavira

La ruta que te proponemos tiene siete kilómetros, es circular y la puedes realizar tres horas, incluyendo las paradas. Desde Alcalá de Guadaíra, tomaremos la carretera de Morón. Una vez que hemos pasado el puente de La Vega, a la altura del rancho de Bulnes, que lo veremos a la izquierda, cruza la Cañada Real de Morón. En este punto giraremos a la derecha para acceder a la parte alta del descansadero de Trujillo, donde se puede dejar estacionado el coche. [1]

Dependiendo de la estación, la ruta presenta más o menos dificultades. En un invierno lluvioso resultará más complicado seguir el curso del arroyo; y en verano, dadas las altas temperaturas, aconsejamos aprovechar las primeas horas del día. Nosotros anduvimos por allí a primeros de mayo, con una temperatura agradable y un cielo completamente despejado.

El primer tramo, de un kilómetro y medio, discurre por el camino de El Pozo de la Bomba, que comienza inmediatamente a la izquierda de donde hemos dejado el coche. A nuestro paso, la tierra calma la vimos cubierta de trigales ya granados que empezaban a amarillear, y de girasoles, con un verde intenso, aún sin las panochas que los caracterizan. Después de dejar atrás una granja y algunas palmas en los bordes del camino llegamos al arroyo de El Novillero, que, en este punto, como casi siempre, no llevaba agua.

Ese día tomamos el margen derecho del arroyo, en dirección a la corriente. En los primeros 200 metros, en la fresca hierba, abundaban los caracolillos que conocemos popularmente como blanquillos y las cabrillas. La inexistente vegetación arbórea y arbustiva, salvo algún taraje solitario, permitía que los cardos, el carrizo y la avena loca fueran los protagonistas y el refugio para jilgueros, verdones y una gama de insectívoros, que, con su canto, amenizaron nuestra marcha. Alguna perdiz levantó el vuelo a nuestro paso.

Los cardos y la avena loca
El carrizo

En la orilla opuesta a nuestra marcha, la presencia de un olivar nos motivó a cambiar de margen, cosa que hicimos sin dificultad. El arroyo continuaba sin agua. En el siguiente kilómetro, la vegetación se hizo cada vez más abundante. Después de dejar atrás una pasá”, que permitía vadearlo, y un imponente eucalipto que divisábamos ya desde lejos, llegamos al cortijo de Las Llamas o del Estanquero, como aparece en el topográfico de 1872 y otros posteriores, aunque algunos lo conocen como el rancho de Manuel Lara. Aquí tuvimos que cambiar de margen debido a un vallado del cortijo que se prolongaba internándose en la cerrada vegetación del arroyo.

En este nuevo tramo, de 1,3 kilómetros, abundan las zarzas, las higueras y los eucaliptos, el espino majuelo, algunos almendros, olmos, rosales, entre otras especies que conforman un entorno selvático impenetrable. El agua se hizo presente en el cauce en aquellos puntos donde la maleza nos permitió aproximarnos. En estos puntos pudimos observar el lodo revuelto y huellas que delataban la presencia de jabalíes en la zona.

Zarzas, eucaliptos y girasoles
El agua en el arroyo

Fue una auténtica sorpresa encontrarnos con un interesantísimo pozo artesiano con brocal abrevadero [2]. Este discurría a su alrededor, formando un círculo casi completo. En su interior, las paredes se encuentran revestidas con cantos rodados y piedra arenisca. Pudimos comprobar la presencia de agua a unos dos o tres metros de profundidad.

Un brocal singular
El revestimiento del pozo artesiano

En la espesura distinguíamos, con dificultad, unos paredones de tapial, a los que nos fue imposible acercarnos debido a la impenetrable pantalla vegetal donde predominaban las zarzas.  Según parece, pertenecieron a una antigua zahúrda [3], ya en ruinas en los años cuarenta del pasado siglo [4].  Unos metros más adelante, también invisible desde el margen de la espesura, resistiendo el paso del tiempo, aún permanecen en pie unos paredones de lo que pudo ser la casa, conservándose el hueco de una ventana con su marco de madera, abrazada por higueras y olmos.

Dentro de la espesura, la zahúrda

A poco metros de allí, a la derecha del arroyo, entre olivos, el cortijo de Los Manantiales, un nombre muy apropiado dada la abundancia de agua en la zona [5]. El arroyo cruza la cañada de Benagila, que, a modo de presa, permite allí la presencia de una lámina de agua casi todo el año. Desde la cañada, hasta la desembocadura en el río Guadaíra, el agua discurre exclusivamente en los períodos de lluvias. [6]

Después de abandonar su curso, durante unos metros, continuamos hasta su desembocadura en el Guadaíra. Este tramo conserva algunos olmos y tarajes. El 3 de febrero de 2013, el grupo ecologista Alwadi-ira-Ecologistas en Acción, plantó en la zona 190 ejemplares de almeces, fresnos y acebuches, que no llegaron a prosperar debido a un incendio intencionado que tuvo lugar unos meses más tarde.

En la desembocadura del arroyo estuvimos parados un momento disfrutando del cauce del río Guadaíra, rodeados de una abundante vegetación.

Desembocadura de El Novillero en el Guadaíra

Finalmente, continuamos por su margen en dirección al puente de La Vega o Trujillo. Es de destacar la estampa desconocida que, desde aquí, se tiene del castillo de Marchenilla. Constatamos que la vegetación de ribera ha prosperado: sauces, álamos, olmos, tarajes, entre otros, que combinando con una abundante flora se propagaba desde la orilla a los trigales, margaritas, amapolas, carihuelas, cardos, entre otras.

Desde el puente de La Vega o Trujillo, subiremos en dirección a la fuente del El Perro y desde allí al coche.

Tramo final del arroyo, con el castillo de Marchenilla al fondo
De camino al puente de La Vega, con el río a nuestra izquierda
Río Guadaíra

[1] Desde aquí parten tres vías pecuarias: el cordel de Marchenilla, la cañada Real de Morón y la cañada de Benagila; también el camino de El Pozo de la Bomba.

[2] Que debería estar catalogado y protegido en el PGOU.

[3] Según el Mapa Nacional Topográfico y Parcelario, elaborado por el Instituto Geográfico y Catastral en 1945.

[4] Mi padre cuenta que a mediados del pasado siglo ya estaba en ruinas.

[5] Frente al cortijo de Los Manantiales se encontraba el conocido como Rancho Cueto, que contaba con pozo, pilón, pila y horno, según el Mapa Nacional Topográfico y Parcelario, elaborado por el Instituto Geográfico y Catastral en 1945, y que, al parecer, sería vendido a Pedro Gutiérrez por los Cuetos.

[6] Ídem, se le nombra arroyo de La Estrella.

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Francisco Gavira

Miembro de la Sociedad Ecologista Alwadi-Ira desde 1995, ha participado en la puesta en marcha de la Plataforma en defensa de Los Alcores y en la creación de la Plataforma contra la incineración de residuos en Los Alcores. Graduado social, actualmente desempeña su trabajo en el Instituto Andaluz de Prevención de Riesgos Laborales. En este blog, Francisco Gavira retoma uno de los principales proyectos de su hermano Antonio, quien sembró la semilla de la divulgación de la riqueza natural y patrimonial de Alcalá a través del senderismo.