“…Y aunque la vida murió/ nos dejó harto consuelo/ su memoria”

 “…Y aunque la vida murió/ nos dejó harto consuelo/ su memoria”

Juan Antonio Díaz del Barrio, junto a su compañera en el IES Albero, Asunción Ortego

El pasado 26 de diciembre de 2019 se cumplió un año del fallecimiento de uno de mis mejores amigos, Juan Antonio Díaz del Barrio,  ‘El Bata’. Los amigos son esas personas especiales con las que has tenido la suerte de compartir momentos intensos, experiencias, alegrías, sinsabores, afinidades, discrepancias, lecturas, películas… y, aunque no los veas todos los días, ni siquiera todos los meses, se han incorporado a tu vida para siempre. Por más que me esfuerzo en recordar los últimos versos de las Coplas de Jorge Manrique, “…y aunque la vida murió/ nos dejó harto consuelo/ su memoria”, e intento convencerme de que sigue vivo en la memoria de tantos, ha dejado un vacío difícil de llenar.

Juan Antonio se caracterizaba por su profesionalidad y su amor a la enseñanza. Su alumnado, en múltiples ocasiones, confesaba una mezcla de amor/odio por este profesor que les exigía absoluta concentración neuronal. Algunas opiniones de sus antiguos alumnos, en la página web del IES Albero: “Sus clases eran un descubrimiento; sus exámenes, retos”, “Las fórmulas quedaron perdidas en algún lugar de la memoria, pero las otras lecciones perduran”, “Lo que aprendí con él me sirvió muchísimo para la vida”, “En todos los centros, existen profesores que se convierten en legendarios; sin duda, él era uno de ellos”…

La doble pizarra, que llenaba con minúscula letra y que borraba el profesor de la clase siguiente con las protestas de los que no habían copiado aún su “maravillosa” demostración. La programación inamovible, con fechas de exámenes incluidas, cuyo resumen se entregaba el primer día de curso. La anécdota de cómo fue el único profesor que, durante una celebración programada de carnavales en el instituto (febrero de 1994), estaba dando clase y, al ser interrumpido por tres compañeras disfrazadas que le embadurnaron su calva con polvos de talco, se reía, mientras se generaba un silencio sepulcral entre sus alumnos que no comprendían tan “absurda” interrupción. ¡Son imágenes asociadas eternamente a nuestro profesor!

‘El Bata’ se mostraba comprometido con la educación pública y, pese a las sucesivas reformas educativas, tuvo siempre claro el objetivo que había que perseguir: la máxima calidad de la enseñanza. Además, aunque algunos lo pudieran considerar un profesor duro, era profundamente humano y valoraba el esfuerzo que, según sus capacidades, realizaban los alumnos. No se trataba de un profesor serio, frío, distante; por el contrario, le gustaba charlar con los alumnos, orientarles, animarles, pensando siempre en lo que podía serles provechoso.

Otro aspecto que queremos destacar en nuestro hombre es que era un verdadero humanista. Amaba no solo el conocimiento, sino también el arte. Además de disfrutar de la pintura, era un reconocido melómano y cinéfilo. En cualquiera de esas materias, sus recomendaciones y sugerencias eran siempre bienvenidas. ¡Tenía tanto que enseñarnos todavía!

He dejado para la última su arte favorita: la literatura. Lector apabullante, había atesorado una impresionante biblioteca que envidiábamos, salvo cuando nos transmitía su agobio porque había que pintar la habitación. Aprendimos (en mi caso, demasiado tarde) que amaba los libros de tal forma que le gustaba conservarlos perfectos, como si nadie los hubiera abierto. Tenía la cualidad no solo de disfrutar de la lectura, sino también de transmitir su entusiasmo por ella. ¡Sus recomendaciones resultaban rotundos éxitos!

Nuestro ‘Bata’ conocía a todos los autores a los que le habían concedido el Premio Nobel de Literatura, y había leído alguna de sus obras. Imposible pillarle por más que el autor fuera de una cultura o un país muy lejanos. Además, al tener una maravillosa memoria, podía opinar sobre ellos desde el primer momento. Únicamente tenía un defectillo, no le gustaba la poesía, y lo confesaba en voz baja sin dar ningún argumento que justificara su alejamiento de tan placentero género.

Hombre polifacético, sentía una gran afición por la fotografía y supo aprovechar, por ejemplo, las muchas posibilidades que la Expo ’92 le brindó para captar insólitas imágenes. Por otra parte, el deporte también entraba entre sus aficiones (aunque solo practicaba el paseo diario de una hora) y disfrutaba del tenis hasta tal punto que sus hijos le regalaron entradas para ver a Rafa Nadal en el Máster de Madrid. ¡Fue feliz! Asimismo, le gustaban, inexplicablemente, los partidos del Sevilla Fútbol Club por televisión.

También sacaba tiempo para ser solidario y colaboraba con la ONG Madre Coraje, cuyo lema es: “De tu compromiso nace la esperanza”.

Su gran amor, su gran pasión, era su familia, encabezada por Geneviève. Toda una vida compartida con esa mujer, de frágil apariencia, pero que ha sido el pilar en el que siempre se apoyó. Fue en el Instituto Herrera, allá por 1971, cuando Juan Antonio (Antonio para la familia) conoció a una preciosa francesa, de hermosa melena (foto que enseñaba con mirada enamorada), profesora de conversación. Dos años después, se casaron. ¡Fueron más de 45 años de vida familiar plena! En el hospital, su lucha contra la leucemia le obligaba a permanecer en una habitación de aislamiento y, afortunadamente, con Geneviève: era su consuelo, no podía ni quería pensar que no le hubieran permitido acompañarle.

De tan entrañable pareja, nacieron Macarena, José Luis y Juan Marcos, a quienes su padre adoraba y de cuyos logros se sentía tan orgulloso. A su vez, ellos han aumentado la familia con seis nietos, que eran motivo de satisfacción para su abuelo.

Este hombre carismático se ha ido como vivió: sereno, tranquilo, con su elegante sencillez, rodeado de los que más quería. Pero no podemos aceptar que su muerte haya llegado a su hora. No. ¡Tenía tanto por lo que vivir! Su nieta Lena, de cuatro años, lo expresa muy bien: “¡No me gusta que se haya muerto el abuelo!” ¡A nosotros, tampoco!

Compártelo

Alicia Tirado

Profesora de Lengua Castellana y Literatura

Related post