Comercio Local

Las brujas están de moda

 Las brujas están de moda

Grabado de Francisco de Goya de la serie ‘Los Caprichos’

La pequeña localidad del Pirineo navarro de Zugarramurdi vivió, en enero de 1690, uno de los casos más famosos de brujería de Europa. En Zugarramurdi, y después de horribles interrogatorios, la Inquisición Española consiguió que las mujeres confesaran que copulaban con el demonio en bailes frenéticos y akelarres, que desencadenaban tempestades que hacían naufragar los barcos y destruían las cosechas. Blanco y en botella: Pierre de Lancre, juez comisionado por el rey francés Enrique IV, sentenció a la hoguera a dieciocho mujeres, aunque en total mandó quemar a unas ochenta supuestas brujas de toda la zona.

Casos como este se acumulan a lo largo y ancho de Europa principalmente entre los siglos XVI y XVII, llegando al exterminio de unas 50.000 mujeres. Esta que acabo de explicar es la versión que nos han transmitido los que escriben la Historia a través de las crónicas y los autos de fe. Sin embargo, fueron hechos que, entre el mito y la leyenda, ocultan otras verdades más complejas. En Zugarramurdi concretamente, un pueblo de unos doscientos habitantes, los hombres salían a la pesca del atún a la Península de Labrador durante largos meses, tiempo durante el cual estas mujeres mandaban y organizaban de forma comunitaria su día a día. Incluso conocían y practicaban con total normalidad el aborto y la anticoncepción. La caza de brujas por tanto, fue más de naturaleza política que religiosa: eran trabajadoras insubordinadas que escapaban al poder de los Estados y al control del incipiente capitalismo en su fase inicial de acumulación. Las mujeres debían dedicarse a reproducir la mano de obra y obedecer a los amos, para mayor gloria del sistema económico de mercado que estaba sentando sus bases. Subvertían el nuevo orden social en construcción y debían ser reprimidas.

Hoy en día, esta historia de las brujas nos puede parecer lejana. Y, sin embargo, las mujeres estamos viviendo nuestra particular caza de brujas con Vox, que no tiene nada mejor que hacer ahora mismo que atacarnos a las mujeres, seamos feministas o no. Y venga y dale con el 8M. Ahora seremos nosotras las responsables del Coronavirus, de la crisis económica y del desempleo, de la baja natalidad, del fracaso del sistema productivo y de la deslocalización industrial. Pronto seremos también las culpables del cambio climático y del hacinamiento de escolares en los centros educativos de Andalucía. Al tiempo.

Pues sí: para la ultraderecha, machista y misógina, somos la mala de la película. Les quema en lo más profundo el seguimiento masivo del 8M. Andan con mentiras y manipulación de datos, y su objetivo somos las que sacamos los pies del plato, como si el macho de pecho peludo tuviera el derecho, es más, la obligación moral de doblegarnos por el bien de todos, de someternos para que volvamos al redil y dejemos de dar la lata. Que vuelva el orden de siempre, ¡hombre por Dios!, que antes estábamos mejor. Pero mucho cuidado con la palabra orden, que siempre encierra control y opresión.

¿Por qué se exasperan esos nobles espíritus de orden con las mujeres en concreto y más aún con el feminismo? Para empezar, es necesario recordar que la ultraderecha es defensora del liberalismo. Nunca en Alemania, Italia o España se produjo una acumulación de capital en manos de unos cuantos privilegiados como durante sus respectivas dictaduras fascistas, que apoyaron y fueron apoyadas por grandes corporaciones. El fascismo, por tanto, defiende el mercado como único elemento que regule las relaciones sociales, así como al Estado, que sustituye a las familias y a las demás redes de proximidad (vecinos, amistades) a la hora de proporcionarnos seguridad, protección, trabajo o vivienda. Y aquí viene el enfrentamiento con el feminismo: cuando vas en contra de ambas cosas porque tanto el sistema económico como el Estado te oprimen, te usan como fuerza de reproducción de trabajadores y finalmente te arrebatan todas las formas de subsistencia porque ya no les interesas, estás en el centro de la diana.

Desde los años setenta, gran parte del feminismo lucha contra todas las opresiones, no solo la de las mujeres. Busca sentar las bases de una sociedad postcapitalista, post-monetaria, fuera de la lógica del mercado. Si las mujeres hemos sido un pilar fundamental para la reproducción del sistema, también somos las mayores víctimas del desmantelamiento del estado de bienestar (donde lo ha llegado a haber, claro está). Cuando hablamos de la necesidad imperiosa de sobrevivir en un contexto de compartir, cooperar, de recuperar lo común, de tejer redes de solidaridad no mediadas por el dinero, etc. vamos en contra de los principales dogmas de la postmodernidad. ¿No te gusta el orden establecido, eres una bruja? Pues a la hoguera.

Esta es una de las causas, aunque no la única, de la caza de brujas de Vox. Su conservadurismo no puede soportar el profundo cambio social que practica el feminismo, la emancipación de los sectores oprimidos, las luchas por nuevos y mejores derechos… puesto que eso significa, sencillamente, poner en jaque el sistema neoliberal que los ha colocado donde están. Todo esto, claro está, imbricado en una estructura patriarcal susceptible de perder privilegios. Al fin y al cabo, son aspectos que van de la mano: capital y patriarcado.

¿Cuál debe ser ahora la estrategia de lucha para combatir el fascismo y mejorar el mundo? Estoy convencida de que debemos practicar una nueva dimensión de la lucha, que ataque a la ultraderecha por todos los frentes: una lucha global. La diferencia con otros colectivos oprimidos es que las mujeres somos la mitad de la población, y ellos lo saben. Nos temen porque planteamos un futuro patas arriba e incierto para sus intereses. Pues digámoslo así: las brujas deben volver a ponerse de moda.

Compártelo

Begoña Iza

Licenciada en Historia del Arte y profesora de Geografía e Historia en el IES Albero. Activista y defensora de un mundo justo.