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Un caso contra el “negacionismo”: la detención de Cándido Carrasco

 Un caso contra el “negacionismo”: la detención de Cándido Carrasco

Expediente de Cándido Carrasco, conservado en el Archivo Militar de Sevilla

Frente a las opiniones que rechazan la existencia de un campo de concentración en Alcalá, el Archivo Militar de Sevilla custodia decenas de documentos que constatan dicha denominación referida al Batallón de Oromana. Se trata de procedimientos abiertos por el Regimiento de Infantería a presos, como el conquense Cándido Carrasco, considerado “peligroso” por hacer “muecas” a sus superiores. Estos atestados, realizados por el propio ejército franquista, revelan la designación de “campo de concentración” para el recinto alcalareño.

Sirve como ejemplo uno de los muchos expedientes que quedan por investigar en el Archivo Intermedio Militar de Sevilla, relativos al Batallón Disciplinario de Soldados número 113 de Oromana. En él, se puede leer un “procedimiento sumarísimo” incoado por el Juzgado Militar Eventual de Utrera, del que dependía la plaza de Alcalá. La fecha: el 2 de enero de 1939. El afectado: Cándido Carrasco Talaya.

Dicho informe se refiere a hechos ocurridos meses antes en el Batallón de Alcalá, donde se encontraba preso Cándido Carrasco, un joven de 31 años, que había trabajado como carnicero en su pueblo natal, Quintanar del Rey (Cuenca), y que tras el inicio de la Guerra Civil se alistó voluntario en el ejército republicano. En un primer momento, según se detalla en el atestado, Carrasco participó en la brigada 109, que operaba en el frente de Guadarrama. Allí estuvo unos catorce meses, tras los cuales fue destinado a Lérida, lugar en el que sería capturado el 1 de abril de 1938.

Sin poderle atribuir delitos o “causas mayores”, más allá de su pertenencia a las Juventudes Libertarias, un consejo de guerra dictaminó la reclusión de Cándido Carrasco en un batallón disciplinario. Fue así como este soldado desconocido llegó a Alcalá, donde, poco tiempo después, sería detenido e investigado por un episodio dudoso. A Carrasco se le consideraba “peligroso” por su “constante propaganda entre los prisioneros contra el glorioso Movimiento, haciendo manifestaciones del mismo y de sus jefes de un mal gusto y obscenidad que no se pueden repetir por escrito”. Acusaciones que, a pesar de las negaciones del acusado, fueron tomadas por ciertas debido al “carácter díscolo” y la “forma grosera de contestar”.

Arbitrariedad y severidad

Del castigo que recibió Cándido Carrasco por sus “muecas” a los superiores, como se indica en los documentos, nada se sabe. No obstante, por encima de los datos que ofrece este caso concreto, expedientes  de este tipo aportan otras conclusiones más amplias. Entre ellas, ayuda a distinguir la arbitrariedad y la severidad que se aplicaban contra los presos de los batallones disciplinarios; aspecto que se ha puesto en duda, en numerosas ocasiones, desde diferentes sectores de la sociedad alcalareña. Y sirve, además, para dilucidar el carácter de “campo de concentración” del recinto ubicado en Oromana, pues en este mismo procedimiento abierto a Cándido Carrasco –e igualmente en otros– aparece esa denominación. Así lo hace constar, además, Vicente Sospedra Lluch, brigada de la Guardia Civil de la Comandancia de Valencia, que, en 1939, pertenecía a la sección de investigación de Campos de Concentración de Prisioneros del franquismo.

Igualmente, la detención de Cándido Carrasco en 1938 y su posterior envío a Alcalá pone algo de luz sobre las fechas en que estuvo en funcionamiento el Batallón de Oromana, del que se pensaba que pudo abrirse una vez terminada la contienda, a partir del 1 de abril de 1939. Con el control asegurado de la provincia de Sevilla por parte del Ejército del Sur, que comandaba Queipo de Llano, los “campos de prueba” de la dictadura –o, más bien, los campos de concentración– ya eran una realidad en Alcalá aquellos días de 1938.

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José Romero

Periodista y guionista, coordinador de '41500 Revista digital de Alcalá'