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Claridad en la sombra

 Claridad en la sombra

No es la obra de Enrique Baltanás, como ocurre a veces con autores de importante trayectoria, un cúmulo inabarcable de títulos y volúmenes. Más bien al contrario, su obra constituye un conjunto medido y cuidado, no vasto, pero rico y diverso a la vez. Ha publicado, dentro del amplio campo de la Literatura, en casi todos sus terrenos: novela (A punto de dejarlo, 2012), ensayo (La materia de Andalucía, 2003; Las olas muertas, 2011), aforismos (Minoría absoluta, 2010) y traducción (de Goethe, de Vincenzo Cardarelli). Más todo el trabajo dedicado a los hermanos Machado, que constituye una notable contribución al conocimiento de los dos autores sevillanos con títulos como: Antonio Machado, nueva biografía (2000), Los Machado (2006) y La obra común de los hermanos Machado (2010).

No obstante, Enrique Baltanás es, sobre todo, poeta. Y su nombre es hoy, y desde hace tiempo, el de un autor de obra consolidada y reconocible en la poesía actual.    

Los primeros libros de poemas aparecen bien representados en una antología que publicó Renacimiento en el año 2004 con el título Medidas provisionales. A esta antología le han seguido cuatro poemarios más: El argumento inacabado (2005), Trece elegías y ninguna muerte (2010), Las propiedades del aire (2015) y, ahora, su último título: Esta sombra que fui.

Es, este último poemario, un libro creado sin un tema ad hoc. Los poemas, un total de 42, se van sucediendo, aparentemente, sin una estructura interna concreta que responda a un orden temático, cronológico o de cualquier otro tipo, pero que forman un todo homogéneo y claro; un libro asentado por la solidez de su pensamiento y la limpieza de sus formas.

Ya en el título (Esta sombra que fui), el núcleo de ese sintagma —sombra— y el uso del copulativo en pasado —fui— anticipan muy bien lo que podremos encontrarnos una vez traspasemos el pórtico y recorramos pausadamente, como ha de hacerse, sus páginas. Y, efectivamente, nos encontramos en sus versos con una voz poética reflexiva, serena, que conoce ya mucho de lo que supone la existencia, que desmenuza los daños de la vida (la soledad, el olvido, el paso del tiempo, los desencantos, las ausencias…), pero que también confirma, y lo sublima poéticamente, el valor de otras experiencias como la amistad, el Amor, la humildad, la propia poesía.

Los poemas, que tienen un contenido de peso profundo, de hondura incluso grave, no caen, sin embargo, en el dramatismo. Y muy al contrario, lejos del riesgo de hacerse oscuros o densos, discurren de forma apacible y acaban formando un conjunto armonioso y lleno de pureza. Un conjunto que, además, está enriquecido por el uso variado de distintos metros y estrofas. Variedades adaptadas, como ya recomendara Lope de Vega en su Arte nuevo de hacer comedias, perfectamente a los temas. Así nos encontramos formas que van desde las propias de la lírica culta hasta las más breves composiciones populares.

Hay: sonetos (como el “Himno a la nada”, que aparece manuscrito en la portada del libro, inspirado en la inscripción funeraria de las tumbas de algunos personajes ilustres como el cardenal Portocarrero o el cardenal Barberini: “Hic iacet pulvis, cinis, nihil”);  poemas a modo de silva en los que se alternan, magistralmente, heptasílabos y endecasílabos; acompasados alejandrinos, como los del magnífico poema “La lámpara”; soleares  y coplas que se preguntan con el descreimiento propio del viejo saber popular; y hasta algunos poemas monorrimos, como uno precioso que escribe a un perro muy querido, y con el que consigue el aire alegre y hasta juguetón que requiere.

Y más allá de toda esta variedad de formas, también hay, por supuesto, otro tipo de belleza en el libro. Pero es una belleza que no se asienta en un uso retórico del lenguaje ni en la estética de imágenes rebuscadas, sino que se fundamenta en la sencillez, la claridad del verso y en la propia función ética de los poemas; en la aspiración de una poesía verdadera, auténtica.

Es, definitivamente, Esta sombra que fui, el sabio inventario de una voz poética experimentada. Un canto de lenguaje sencillo y preciso que mira sereno a lo que se fue, que asume ser casi nada y, sin embargo, permanece atento y se aferra a la esperanza (“hay un hombre que duerme, la lámpara encendida,/ como esperando que otra luz le suceda”). Poemas llenos de lucidez que discurren con ritmo plácido y seguro por los temas universales: la vida, el tiempo, el Amor.

Título: Esta sombra que fui

Autor: Enrique Baltanás

Edita: Poesía al Albur / Cypress

Año: 2019

 

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Juan Alcaide Rubio

Profesor de Lengua y Literatura, Geografía e Historia. Un cuento y medio libro de poemas ('Estancia del aire'). Atento a la poesía, para refrenar el paso y llegar de las afueras a los adentros.