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Epidemias en la Alcalá de Guadaíra del siglo XIX

 Epidemias en la Alcalá de Guadaíra del siglo XIX

Pintura de José Inglada que muestra los efectos de la fiebre amarilla a principios del siglo XIX

En estos días en los que la expansión a lo largo y ancho del globo terráqueo del coronavirus está creando una justificada o no alarma social, conviene recordar diferentes episodios históricos en los que tenemos constancia de otras tantas epidemias que, en mayor o menor medida, afectaron a nuestra ciudad.

Retrato del escritor Blanco White

El siglo XIX comenzó con una virulenta epidemia de fiebre amarilla (1800) que, según Antonio Hermosilla Molina, hizo enfermar a la práctica totalidad de la población de la capital sevillana. Precisamente, huyendo del contagio, el polígrafo José María Blanco White recaló en Alcalá, donde escribió diversas cartas en las que describió la situación que se vivía y los dudosos métodos que se emplearon para erradicar la epidemia. Rocío Plaza Orellana en su completo estudio nos ofrece los síntomas: escalofríos, dolores en las articulaciones, fiebres altas, ojos rojizos, náuseas, vómitos oscuros y, finalmente, la muerte para 14.685 personas de las aproximadamente 80.000 que poblaban Sevilla. Casi un veinte por ciento. Procedente de Cádiz, la fiebre amarilla seguramente pasara a Alcalá, de donde no disponemos de datos certeros por falta de registros civiles o eclesiásticos, pero se hace evidente con solo analizar una pirámide poblacional de 24 años después.

Menos nocivas fueron las viruelas que se padecieron solo tres veranos más tarde, en el año 1803, probablemente debido a la precoz introducción de la vacuna de Jenner, que, según los estudios de los doctores Ramos Carrillo y Esteban Moreno Toral, comenzaron en los primeros años del siglo.

Llegaría treinta años más tarde el turno para el cólera-morbo, que tuvo brotes en 1833 y 1855. Se trataba de una infección procedente de tierras indias, que se vio favorecida por las pésimas condiciones higiénico-sanitarias en las que vivía buena parte del país, si bien afectó especialmente a grandes capitales. Una sucesión de vómitos y diarreas causaba la muerte por deshidratación en menos de una semana a buena parte de los infectados. Nuevamente, no tenemos datos concretos sobre la incidencia en la población alcalareña, si bien en la pirámide poblacional que nos proporciona el padrón eclesiástico de 1865-66 se perciben evidentes achatamientos que, sin duda, se deben al déficit de nacimientos y la excesiva mortalidad en esas fechas.

Disponemos de libros de nacimientos y fallecimientos de los años 1841 a 1846. A finales del primero de dichos años comenzó un brote de sarampión que costó la vida a 27 niños alcalareños en apenas dos meses, un cuatro o un cinco por ciento del total. Faltaban todavía más de cien años para que se ensayaran las primeras vacunas, y aún más para que llegaran a nuestra ciudad, expuesta cada tres o cuatro años a un brote infeccioso.

En el momento en el que escribo estas líneas, el coronavirus ha causado a lo largo de siete semanas menos de tres mil víctimas en el país emisor del brote, China, donde ha empezado a remitir. Su índice de mortalidad, del 7,7 por mil y población de 1.386 millones de habitantes, nos ofrece una cifra cercana al millón de muertes por todas las causas, todos los meses. Sirvan todos estos datos para tomar en su justa medida las informaciones que nos llegan de los diferentes medios y no incurrir en temores injustificados.

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José Julio Gómez Trigo

Licenciado en Administración y dirección de empresas, José Julio Gómez Trigo (Alcalá de Guadaíra, 1975) trabaja actualmente en la Administración Pública. Ha investigado y ha publicado numerosos artículos y varios libros sobre sus dos grandes pasiones: el ajedrez y la Semana Santa. El blog 'Calles y lugares' es fruto de otra de sus líneas constantes de estudio: la historia local alcalareña.