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La fiesta de los sentidos

 La fiesta de los sentidos

Viacrucis del Cristo del Amor y subida al paso el Viernes de Dolores / Foto: José Antonio García Cordero

La liturgia es demasiado abstracta. Tenemos que creer que allí, en el pan y el vino, está Jesús. Pero sólo vemos una hostia y un cáliz. Como dijo famosamente Tomás de Aquino, “en la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí también se esconde la Humanidad.” Y el pueblo cristiano necesita ver la Humanidad del Cristo, el gotear de su sangre y el sudor bañando su rostro y mojando sus cabellos, sus caídas en la Vía Dolorosa, sus siete palabras de agonizante, su expiración y su descendimiento… incluso su Resurrección gloriosa. Por eso se inventó la Semana Santa. Porque el hombre es animal racional, sí, pero también es animal sensual, que necesita oler, tocar, gustar, oír y ver.

Y aquí están ya las sagradas imágenes para extasiarnos con su visión, ya plantadas en el oro y la plata de sus pasos cuajados de cirios y de flores, y el olor de la cera que arde y el azahar que perfuma las plazas y el incienso que se alza al cielo como nubes olorosas de oración, y la ‘Amargura’ de Font de Anta en nuestros oídos, y el dolorido y a la vez gozoso costal de las cuadrillas o los desnudos pies del penitente, y para que no falte nada, la reconfortante dulzura en nuestra boca del pestiño, la torrija y la hojuela chorreante de miel…

¡Pero silencio! Ya están los hermanos subiendo a su paso al Cristo del Amor, a nuestro Cristo del Amor. Silencio. Porque todo está por comenzar.

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Enrique Baltanás

Escritor, profesor de Lengua y Literatura