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Geos: de la aventura al estudio sistemático

 Geos: de la aventura al estudio sistemático

En más de medio siglo de descensos a las galerías de Alcalá, los componentes de la Sociedad Espeleológica Geos han asistido a una transformación abismal de las técnicas y los medios de exploración subterránea. Sin embargo, más allá de los avances, esta actividad no ha perdido un ápice de adrenalina. Una emoción que sigue siendo similar a la que experimentaron algunos pioneros como Francisco García Rivero, que se adentraron en las “arterias” del pueblo, con un afán aventurero que derivó en ciencia.   

 

Hay un punto en común en todos aquellos que, en alguna ocasión, han tenido la oportunidad de bajar al corazón de la tierra. Ese elemento tiene que ver con la agitación que se experimenta al introducirse en una lumbrera y descubrir el conjunto de “arterias” y “órganos” que cobran vida en el subsuelo. Como si de un viaje al interior del cuerpo humano se tratara. Así lo han descrito tanto especialistas como neófitos.

En el caso de Alcalá, son más de cien lumbreras las que dan acceso a esas profundidades. Para Genaro Álvarez, presidente de la Sociedad Espeleológica Geos, la primera incursión permanece imborrable. Su debut fue a finales de los años sesenta, cuando apenas contaba 17 años. “Las galerías de Alcalá –recuerda– eran como una prueba de valor para los jóvenes, representaba lo oculto, lo prohibido. En casa decían algunos que íbamos a jugar al fútbol para no asustar a los padres”. Una excusa que, según Álvarez, aún se repite entre los muchachos. “Sigue habiendo accesos incontrolados”.

Las galerías de Alcalá eran como una prueba de valor para los jóvenes, representaba lo oculto, lo prohibido. En casa decíamos que íbamos a jugar al fútbol para no asustar a los padres

Genaro Álvarez
(Presidente de Geos)

A lo largo de cinco décadas de exploraciones en las galerías subterráneas, el trabajo de Genaro y el resto de compañeros de Geos ha cambiado notablemente. “Entonces contábamos con cuerdas de cáñamo, y no sintéticas como las de ahora, y la iluminación era muy pobre, de carburo, mientras ahora se hace con cascos con iluminación led”. Sin embargo, la sensación de aventura del descenso permanece inalterable, debido a las condiciones tan exigentes de las cavidades artificiales. “Se trata de espacios muy reducidos, en los que tienes que mejorar tus técnicas para explorar con un mínimo de seguridad”, aclara Álvarez, señalando que el factor de riesgo se incrementa en determinadas galerías, como el acueducto de Alcalá, que tiene una media de 50 centímetros de ancho. “Algo que sorprende a los que entran por primera vez, que esperan dimensiones mayores”.

Trabajos de Geos en el molino de La Mina

Estas exploraciones de Geos han surtido de numerosos datos a diversos grupos de investigación en las universidades de Sevilla, Almería, Huelva o Córdoba. De hecho, se han topografiado más de tres kilómetros de galerías en el acueducto y 1.152 metros en Oromana, se han documentado la antigüedad y el sistema de construcción de las mismas, se han tomado temperaturas, se han hecho estudios geológicos de los materiales extraídos, y se han realizado muestreos prospectivos de las aguas para su posterior análisis químico y biológico.

En este último campo, el biológico, destacan varios hallazgos de especies. Por citar tan solo unos ejemplos, en las galerías del acueducto y Oromana se ha encontrado el anfípodo Echinogammarus obtusidens, un pequeño crustáceo singular por tratarse de un endemismo del sur de España. También se ha capturado el esquizómido Stenochrus portoricensis, cuyo descubrimiento, que se ha podido identificar gracias a un lote existente en la reserva natural de la Universidad Internacional de Florida, supone el primer registro de este tipo de arácnido en la Península Ibérica. Y lejos de quedarse ahí, se tienen previstos futuros muestreos que se ampliarán a otras especies, como murciélagos, moluscos o gasterópodos.

Los resultados obtenidos por Geos en diferentes campañas de estudio no solo han servido para que se publiquen artículos científicos en áreas que van de la geografía a la paleontología, sino además para divulgar ese conocimiento en exposiciones organizadas en el Rectorado de la Universidad de Córdoba o en la Escuela de Estudios Hispano-Americanos (CSIC), o a nivel provincial en la muestra ‘Los caminos del agua’, que se pudo ver en el Museo de Alcalá entre finales de 2007 y principios de 2008.

Francisco García Rivero, en la entrada a la galería del Zacatín

Antecedentes

Pero hasta llegar a ese trabajo sistemático en la red subterránea de Alcalá, fueron necesarias muchas prospecciones anteriores con pocos recursos y bastante espíritu aventurero. Esos sondeos esporádicos surgían, como describe Vicente Romero Muñoz en su libro La jurisdicción real sobre la mina de agua de Alcalá de Guadaíra, del interés individual o de pequeños colectivos que abrieron camino a los grupos especializados que vendrían después.

Uno de los impulsos más importantes para incentivar la exploración del subsuelo alcalareño se debe a Francisco García Rivero, quien, junto al grupo Amigos de la Arqueología, promovió en los años sesenta una actividad inédita en la localidad. Las descripciones, fotografías y dibujos de García Rivero, recogidos en artículos o en obras como Orígenes e historias de Alcalá de Guadaíra, constituyeron un valioso acicate para jóvenes que se interesaron por el conjunto de galerías subterráneas. Entre otros, su testigo lo recogieron más tarde Vicente Romero Gutiérrez, José Rodríguez, Enrique Gil y José Luis Alaya, que fundaron el Grupo SAEX (Sociedad Ateneística de Exploraciones), que llegó a esbozar un primer croquis de las conducciones desde Santa Lucía hasta el Zacatín.   

Aportaciones como la de Francisco García Rivero o la colaboración de Emasesa –y en concreto, del que fuera su capataz, José Jiménez–, facilitaron las exploraciones posteriores, ya sistemáticas, de Geos; grupo que, desde su fundación en 1962, siempre tuvo en el punto de mira a Alcalá. Como apunta su presidente, Genaro Álvarez, el trabajo conjunto de todos ellos ha permitido no solo “reconstruir el proceso de génesis constructiva” de un gran monumento de la ingeniería hidráulica, sino también “promover la mentalidad de conservación de un espacio que sigue siendo desconocido”.

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José Romero

Periodista y guionista, coordinador de '41500 Revista digital de Alcalá'