In memoriam: Juan Antonio Díaz del Barrio

 In memoriam: Juan Antonio Díaz del Barrio

Me piden que hable de ti, compañero del alma. Sí, ahora sigues siendo mi compañero del alma aunque ya no estés aquí, pero hace casi treinta años, cuando te conocí, me pareciste el peor compañero, qué digo compañero, mejor calificarte de supercatedrático de Física y Química, el más “engolado” que me podría haber tocado en suerte. El primer día que te vi y nos presentamos, pensé que no se podía ser más pedante, engreído y entendido en todo que tú. Para colmo, coincidíamos en gustos, a los dos nos encantaba la música clásica y leer, pero, claro, tú eras el que más sabía de música y de literatura. Como, además, disponías de una memoria prodigiosa conocías cada obra, cada autor, cada frase de cada libro. No se podía comentar nada contigo, tú ya lo sabías, ya lo habías leído… ¡Una pesadilla, vamos!

Pero fueron pasando los años y nos fuimos convirtiendo en amigos. Poco a poco, sin darme cuenta, me fuiste envolviendo en tu maravillosa amistad. Lo que antes era una pesadilla se fue transformando en un placer. Me encantaba hablar contigo de libros, el último autor que habías leído me lo presentabas con un entusiasmo enorme, la última película que habías visto era imprescindible verla… Sabías tanto y tenías tan buen gusto… Me ayudaste mucho cuando se murió mi querida amiga Inma, tú también habías perdido a un gran amigo, José Luis, y sabías lo que se sentía. Recuerdo cuando me contaste el pequeño homenaje que le hiciste el día que hacía cincuenta años que había muerto. Para ti, la amistad era un sentimiento fundamental.

Como compañero de Departamento de Física y Química, debo decir que nunca tuvimos una mala palabra o una discusión. Coincidíamos en la forma de dar clase y en el trato con los alumnos. Me diste todas tus prácticas de laboratorio, que he conservado y he hecho durante todos estos años. ¡Cuántos sevillanitos han hecho tus fantásticas prácticas! Ahora que yo también me jubilo, se las he dado a otra compañera para que se sigan haciendo. Ya ves, tu legado se perpetúa.

Te has marchado de repente, casi sin avisar, y ¡te echo tanto de menos! Pero siempre formarás parte de mí y te tendré en mi corazón.

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María José Rodríguez

Profesora de Física y Química

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