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José Manuel Andrade: retratos como terapia

 José Manuel Andrade: retratos como terapia

José Manuel Andrade, retratado por Juan Carlos Rivera Pecellín

“Han sido dos meses de llegar a casa agotado física y mentalmente”. En sus más de veinte años como enfermero de la Unidad de Cuidados Intesivos del Hospital de Valme, José Manuel Andrade (Alcalá de Guadaíra, 1972) asegura no haber tenido una experiencia similar. Nada que se aproxime a los días vividos durante el actual estado de alarma. “Esta pandemia de coronavirus nos ha llegado por sorpresa, y ha habido cosas que no controlábamos, como, por ejemplo, el manejo de los equipos de protección, a los que nos hemos tenido que acostumbrar a trabajar con ellos sobre la marcha”. Ahora, sin embargo, pasados sesenta días desde el inicio de esta vorágine, Andrade ve “algo de luz” y saca tiempo para recapitular. Lo hace a través de unos recuerdos que se mantienen frescos en la memoria. Y, sobre todo, a través de la fotografía, su gran aliada desde hace años, pero más aún en esta etapa reciente, en la que, a pesar del estrés y la dureza, ha encontrado resquicios para capturar imágenes del trabajo en la UCI de Valme y de los profesionales que la componen. Instantáneas que permanecerán en el futuro como testimonio de “algo histórico”. Retratos que le han servido como terapia en el presente. 

Fotos del reportaje: José Manuel Andrade

Sin un plan preconcebido, José Manuel Andrade llevó su cámara al hospital nada más comenzar la crisis sanitaria. La posibilidad de unir por un momento sus dos vocaciones, la enfermería y la fotografía, estaba en su mente desde hacía tiempo. “Allí veo a diario miles de detalles y gestos, emociones, rostros, que te gustaría fotografiar, pero nunca me atreví a hacerlo por respeto a la intimidad”, comenta. No obstante, esta vez, en previsión de lo que se avecinaba, decidió cargar con las lentes en su mochila. En los primeros quince días, según reconoce, no tuvo tiempo ni ánimo para realizar un solo encuadre. Pero, más adelante, cuando se sintió más tranquilo, empezó a “hacer fotos de la unidad y los compañeros trabajando, con cuidado de que no se vieran las caras de los enfermos”. 

El resultado han sido decenas de imágenes de sanitarios que recorren los pasillos del hospital, que trasladan a los pacientes en sus camas o que atienden con diligencia en unos boxes que, “por suerte”, en palabras de Andrade, “no han sufrido la sobrecarga de otros hospitales”. En el caso de la UCI de Valme, la reorganización de espacios y recursos se logró anticipar. De los 14 boxes con los que contaba se pasó a 31 camas. “Aquí –afirma el enfermero alcalareño– no se le ha denegado el ingreso a personas que necesitaban UCI. Tenían cama, respiradores y personal”.

En lo que respecta a la gestión de esta crisis a nivel general, Andrade incide en una opinión que, por más que no se haya dejado de escuchar en las últimas semanas, resulta necesaria repetirla cuanto sea necesario: “Debemos darnos cuenta de lo importante que es la sanidad y la necesidad de contar con personal y dotación de material suficiente. En otros hospitales no se ha gestionado tan bien y muchos compañeros han reclamado falta de protección. Todos debemos sacar conclusiones de esta situación y ver en qué se ha fallado, en qué se pude mejorar y nos sirva para estar mejor preparados para posible nuevos brotes“, comenta Andrade. 

Aparte de esas fotos en las entrañas del hospital, José Manuel Andrade ha conseguido sacar adelante, con la ayuda de sus compañeros, otro proyecto improvisado que han llamado ‘No estás solo’, que ha consistido en establecer un protocolo de videollamadas para pacientes con un ingreso prolongado. “Y es que con el Covid-19 ha pasado algo que nunca habíamos tenido en los hospitales, y es el aislamiento de las familias. Allí tenemos a enfermos ingresados durante cuarenta días, es decir, mucho tiempo sin ver a sus seres queridos. Cuando vemos que el enfermo se encuentra más estable y en una fase en la que están despiertos o a punto de irse para planta, hemos dispuesto de terminales para llamadas telefónicas o videollamadas. Es un pequeño detalle para que la familia o el enfermo tengan unos cinco o diez minutos de charla. Eso pone los vellos de punta”, cuenta Andrade.

Aunque, probablemente, ningún otro trabajo haya provocado tanta satisfacción a José Manuel Andrade como la serie de retratos que ha hecho a los distintos profesionales del hospital. Una serie íntima, cercana, que se inició con un pudor lógico, “a la gente le daba vergüenza posar”; pero que dos meses después supera las ochenta imágenes de médicos, enfermeras, celadores… “Ya algunos, incluso, me preguntan cuándo les hago la foto y me piden cita”, señala entre risas. 

Teniendo en cuenta el contexto en el que se encuentra, la forma de proceder de José Manuel Andrade es rápida, directa. En un descanso o al acabar un ciclo de trabajo de doce horas, el enfermero-fotógrafo aguarda a sus compañeros para retratarlos en una sala de espera, con un fondo negro y un difusor. “Primero hago una sesión de unas cinco fotos con la mascarilla puesta, con la mirada puesta en el horizonte. Y para completarlas, les pido una frase que les inspire esta situación, por lo general motivadora”. El propósito es reunir todas esas instantáneas en un collage, donde el equipo –de unas 150 personas, entre los que se incluyen los jóvenes que se han incorporado como refuerzo– esté al completo. “Queremos imprimirlo y dárselo a estos improvisados protagonistas a modo de homenaje”. 

Poco a poco, ese mural de rostros cansados pero satisfechos, de miradas cargadas de optimismo, a pesar de las dificultades y las horas acumuladas, se va agrupando en el ordenador de José Manuel Andrade, que, como última petición a los retratados, les invita a quitarse las mascarillas para fotografiarlos mientras cuentan lo que van a hacer una vez que sus vidas vuelvan a un cauce más sosegado. “Ahí ha acabado la gente llorando. Por ejemplo, a una compañera se le caían las lágrimas mientras decía que, en cuanto pudiera, iba a ver a su nieta. Las emociones están a flor de piel. He visto gestos muy curiosos, muy expresivos. Pero también muchos detalles de la gente derrotada, agotada, con marcas en las caras, con sueño, cansados, llorando. Eso lo he visto y no lo he fotografiado. Prefiero quedarme con lo positivo, con el trabajo en equipo, el compañerismo, los chavales nuevos cómo han venido, cómo hemos ido sumando entre todos…“.

Preguntado ahora él por lo que hará cuando regrese a su ritmo de vida habitual, Andrade responde que serán cosas sencillas, como “tomar unas cervezas con los amigos o recuperar la actividad con los compañeros de AFA”, la Asociación Fotográfica Alcalañera, que, meses antes de comenzara la cuarentena, acababa de estrenar su nueva sede en la calle Silos y estaba a punto de encarar un nuevo periodo con nuevas iniciativas, como el rally fotográfico, el concurso de Semana Santa, un programa de fotografía para niños, el curso de macro con Miguel Mediano, las salidas en grupo…

De izquierda a derecha, Manuel Bernáldez, Manuel Fernández y José Manuel Andrade, compañeros en AFA

Miembro de AFA desde hace nueve años, José Manuel Andrade ejerce como secretario y promotor de muchos de estos proyectos, entre los que le gustaría incluir uno propio centrado en la fotografía terapéutica. Algo que, paradójicamente, tenía ya previsto cuando aún no se oían los ecos de una posible pandemia. “Una amiga que pertenece a la Asociación Española contra el Cáncer me pidió organizar un taller con los socios. Buscando cómo enfocar el curso, pensé en el uso de la fotografía como terapia, cosa que me está convenciendo, porque se une mi trabajo como cuidador y mi faceta fotográfica. La fotografía tiene muchas posibilidades como terapia, a nivel comunicativo, de autoconocimiento, de sociabilización, de expresar sentimientos… Se usa mucho para quitar el estigma a determinadas enfermedades. Hay proyectos muy interesantes de gente que se hace fotos durante su proceso de enfermedad, fotos que pueden ser muy duras, pero que, al hacerlas con libertad, parece que ayudan porque normalizan una situación”, explica.

Más allá del enfoque profesional o social, esto es, en cierta medida, lo que ha conseguido José Manuel Andrade con sus fotografías durante la crisis del coronovirus: hacer terapia a través de sus retratos. “Es, quizás, una forma de sacar a los compañeros de los momentos de estrés. Una forma de levantar el ánimo de la tropa“. Un tratamiento cercano, al fin y al cabo, basado en imágenes y emociones. 

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José Romero

Periodista y guionista, coordinador de '41500 Revista digital de Alcalá'