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La Pasión más extraña

 La Pasión más extraña

Jaime Márquez y Antonio Saavedra / Foto: José Antonio García Cordero

Este año no los veremos por nuestras calles. Este año que vamos a tener La Pasión más extraña de nuestras vidas. No habrá pasos marchando por las rúas, ni las sagradas imágenes saldrán de sus iglesias, ni penitentes de cirio y vara y farol, ni el incienso perfumará los naranjos, mezclándose al olor a azahar que exhalan cada primavera.

Este año no los veremos por nuestras calles, ni a Jaime Márquez ni a Antonio Saavedra. No, ni a Jaime dirigiendo con su gesto firme y serio el paso del Nazareno (¡Venga de frente, valientes! ¡Venga de frente!) ni a Antonio cantando una saeta, como debe ser una saeta de Alcalá, cortita y arrecogía, en el Calvario:

Corre Juan y apresura
y dale el parte a María,
que al hijo de sus entrañas
le van a quitar la vía
en una oscura montaña.

No, no los vamos a ver ni este año ni ningún otro porque sus pies ya no pisarán más este valle de lágrimas que hemos dado en llamar Tierra. Pero los vamos a recordar, a Jaime y Antonio, como vamos a recordar a todos los que se han ido a la eterna morada del que es Padre de todos y Padre Nuestro.

Y allá en el cielo ya estará Antonio afilando su voz (Un puente sobre otro puente…) y Jaime mandando a su cuadrilla (¡Ese costero más a tierra!). Para que esta Semana Santa sea la de siempre, la misma, la de todos los siglos por los siglos que dure este planeta que algunos llaman Tierra y otros valle de lágrimas.

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Enrique Baltanás

Escritor, profesor de Lengua y Literatura