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Las vidas del río

 Las vidas del río

Río Guadaíra, en época de sequía, en julio de 1995. Foto: José Antonio García Cordero

Los ríos, a diferencia de los hombres, gozan por lo general de una larga, larguísima vida. Pero como no hemos de entrar aquí en cuestiones geológicas, no necesitamos ahora recordar cómo ni cuándo fueron sus inicios en la era cuaternaria ni menos aun en la terciaria. Nos basta ahora con recordar sus imágenes más recientes, sus fotografías en blanco y negro, sus óleos y acuarelas con que pintores y fotógrafos lo dejaron fijado en nuestra retina y en nuestra memoria. El río con lanchas y barcas, con mujeres lavando la ropa en un lienzo de Manuel García Rodríguez de la segunda mitad del XIX, con bañistas en la Aceña, con aquellos excursionistas llegados en el tren desde Sevilla cada 18 de julio, día festivo por entonces, con sus orillas escoltadas por almenas y molinos, con su corriente represada por azudas y batanes…

Luego, la vida en el río fue languideciendo. Las piedras de los molinos se fueron parando una tras otra. La suciedad de la corriente desaconsejó los baños. Los sevillanos se marcharon a las playas en sus Seiscientos y dejaron de venir.

En la imagen de García Cordero vemos una de las fases más tristes de la historia de nuestro río, la que produjo la recia seca del año 95 del pasado siglo. Hoy, aunque no de todo, el Guadaira, o Guadaíra, que sobre esto hay cuestión, parece recuperado, aunque nunca devuelto del todo a su antiguo esplendor.

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Enrique Baltanás

Escritor, profesor de Lengua y Literatura