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Martes de Carnaval

 Martes de Carnaval

Chirigota del Patas en los años ochenta. En el centro, Bernabé Sánchez, entonces concejal de Cultura / Foto: José Antonio García Cordero

Alguna vez he dicho o he escrito, no lo recuerdo bien, que si Bernabé no hubiese existido habría que haberlo inventado. Este curilla salesiano, que colgó los hábitos en cuanto se decretó la desbandada general que siguió al Concilio, maricón el último, llegó muy pronto a ser concejal de Cultura, que era algo así como llevar el Oratorio festivo salesiano al ámbito laico municipal y espeso. Bernabé Sánchez inventó muchas cosas con que distraer al personal, y una de ellas fue el Carnaval. Que claro, no fue un invento demasiado original, porque Carnaval lo había habido siempre en Alcalá, aunque fuese un carnaval pobretón y localista, sin por ello dejar de ser satírico. «Levantarse tempranito/ y di a ver pasá las niñas/ pa el almacén de Pedrito», cantaba la murga de Joaquín el de la Paula.

Pero Bernabé Sánchez reinventó o reverdeció el Carnaval, que dicen que estuvo prohibido durante la oprobiosa, lo cual le daba al invento o reinvento un aire de algo así como de recuperación de la memoria histórica «avant la lettre», y desde luego un tufo muy democrático y popular, si es que no algo populachero, que es lo que más le agrada al populacho que todos llevamos dentro.

Y así fue surgiendo la fiesta del hornazo, la reina panadera, o personajes populares como el Patas o el Poyoyo, ya muy conocido por sus «majorettes» (que hoy estarían condenadas por el alto tribunal de la corrección feminista), y al que vemos ensayando con su murga. Nos dejó Bernabé, nos dejó el Poyoyo… como todos nos despediremos de ese Martes de Carnaval que da paso a la Cuaresma.

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Enrique Baltanás

Escritor, profesor de Lengua y Literatura