Comercio Local

Una oportunidad para Alcalá

 Una oportunidad para Alcalá

Estamos viviendo en estos días posiblemente la peor crisis a la que nos estamos enfrentando desde hace varias decenas de años, y que lleva visos de dejar muy lejos a la crisis financiera de 2008. Esto es evidentemente así puesto que esta vez no solo está siendo económica, sino que también está siendo sanitaria, y puedo suponer que va a ser también de valores, cultural y social. Me baso en varios artículos que están apareciendo estos días que intentan augurar el mundo que se nos avecina, lleno de incertidumbres, pero hay una cosa en la que todos coinciden: no va a ser igual. Si nos basamos en los cambios que produjeron las anteriores grandes crisis, como las guerras mundiales, la guerra civil o la epidemia de la “gripe española”, podemos asegurar que van a ocurrir grandes cambios. Depende de cómo nos comportemos, irán hacia un lado o hacia otro.

Uno de esos lados es sociabilizar-democratizar la sociedad para fortalecerla. Posiblemente, esta opción sea la más compleja porque depende del esfuerzo y valor de los ciudadanos y de los políticos de virar hacia un mundo más sostenible, más humano, más habitable. Para ello, debemos aprender de los errores, y eso es algo harto difícil, y más en una época de egos y de hedonismo desmesurados. Para conseguir este viraje sería necesario que los ciudadanos aprendamos a ser ciudadanos y no meros consumidores en estos pocos meses, reactivemos nuestra solidaridad y empatía, y la llevemos al plano político. Hay que empezar a dejar de decir eso de: “Yo soy apolítico”, más que nada porque es falso. Hay que tener claro que unas opciones políticas desprecian la sanidad pública y otras no, unas opciones políticas apuestan solo y exclusivamente por lo privado y otras anteponen siempre lo público (otras intentan navegar entre dos aguas y tienden a naufragar). Creo, en definitiva, que deberíamos dejar de ver al vecino o al compañero de trabajo como una amenaza y volver a verlo como a un aliado en todos las facetas.

El otro lado es seguir impulsando los fascismos, como suele ocurrir tras grandes crisis económicas. Y digo seguir porque ya lo estamos haciendo. El pensamiento fácil y reduccionista que se esconde tras estas ideologías solo demuestra cobardía. La cobardía que vende mi autonomía y mi calidad de ser humano en pos de más seguridad, porque lo único que promete el fascismo es más seguridad, aunque para ello tengamos que abandonar la calle y nuestro modelo de vida, nuestras sensibilidades e incluso lo que somos, para pasar a ser algo falso. Desde luego, bajo el fascismo español los trabajadores van a vivir peor y los ricos serán más ricos, nos hundiremos más en el cambio climático y sufriremos mucho más como ciudadanos. Todo en pos de esa falsa sensación de seguridad, que, a veces, la revestimos de otras cosas pero que en el fondo es seguridad. Esto ya ocurre hoy en día, no nos equivoquemos. Vemos señales de esta búsqueda de falsa seguridad por todos lados, como, por ejemplo, en las patrullas vecinales, en la fabricación de tanques que matan para vender seguridad en el empleo, en vallas más altas para asegurar que no entren extraños, en leyes restrictivas de derechos para asegurar la calle, en muchas alarmas para asegurar mi vivienda, etcétera. Curiosamente, casi nadie mira por la seguridad de un buen contrato laboral, porque para eso hay que mirar hacia arriba en vez de hacia al lado y hacia abajo. Y eso da miedo.

A mí, me gustaría imaginar que este es un momento de incertidumbres pero también de nuevas oportunidades. Me gustaría imaginar que nuestro equipo de gobierno, con su alcaldesa al frente, está aprovechando este confinamiento para imaginar otra Alcalá. Imagino a la alcaldesa reuniéndose vía Zoom con los concejales y técnicos, y pensando en cómo instalar guarderías y centros de salud en el centro para que no se despueble; pensando en cómo mejorar el transporte por un urbanismo caótico, como facilitar el comercio de cercanía, de barrio, como tejer nuevas redes vecinales que dan apoyo en estos momentos, cómo reindustrializar Alcalá de forma sostenible, cómo impedir que se incinere en la cementera y ofrecer alternativas, cómo hacer Alcalá más accesible para todos, etcétera.

Sin embargo, como andaluz ando preocupado, dado que, según los expertos, la crisis económica que se va a derivar de la sanitaria va a durar años. Como siempre ocurre, en los lugares más industrializados se saldrá antes y mejor (ya pasó en la anterior crisis económica). Pero nuestros políticos andaluces han decidido que la única industria a la que debemos dedicarnos es el turismo, por lo que es fácil imaginar que saldremos más tarde de esta crisis y peor. Ana Isabel puede intentar revertir esto, que imagino que sabrá y se habrá puesto ya a ello.

Por suerte, los andaluces y alcalareños como tal, tenemos la respuesta a la salida de la crisis humana y social si miramos hacia nuestra cultura, puesto que somos un pueblo tradicionalmente solidario, que crea redes de apoyo, vecinal, asociativo y cooperativo. La solución está en lo que somos como pueblo. Si volvemos a conocer a nuestro vecino y saber de su vida, inquietudes y problemas, saldremos fortalecidos. Alguien pensará que es una salida demasiado fácil, pero puedo asegurar que si volvemos a nuestro modo de vida mediterráneo, saldremos fortalecidos y podremos enfrentarnos mejor a las crisis venideras, que son muchas y están próximas. Y esta respuesta solo se puede dar si parte de lo más profundo de cada uno de nosotros, con sinceridad y empatía. Afortunadamente para esto no necesitamos a los políticos (aunque si lo facilitan, mejor), solo nuestra voluntad de querer ser mejores personas.

Compártelo

José Carlos Crespo

Andaluz de nacimiento y de conciencia. Licenciado en Historia del Arte. Empleado en muchas cosas y, sobre todo, activista.