Comercio Local

De pagos y regalos

 De pagos y regalos

Cuando llevamos ya dos meses de confinamiento y estado de alarma, el ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra ha anunciado una batería de ayudas para autónomos, pequeño comercio y pymes de unos 4 millones de euros. Lo más sonado han sido los 1.000 euros que se van a destinar a cada comerciante con local abierto antes de la crisis y que vuelva a abrir sus puertas después de la crisis. Esta ayuda directa en forma de dinero en metálico constará de unos 500.000 euros, según la estimación del Ayuntamiento.

Posiblemente, la población de Alcalá vea con buenos ojos esta ayuda y tras ella quedará el pensamiento subyacente de lo bien que lo ha hecho Ana Isabel Jiménez. Y, sin embargo, veo otras cosas, igual porque me enseñaron a levantar la ropa de camilla a ver qué había debajo, igual porque analizo no solo un hecho puntual, sino toda una política de 40 años. Porque en política hay que tener visión con perspectiva si se quiere analizar con criterio. Hay que analizar el conjunto, no el hecho puntual. Si analizamos esta ayuda con mirada corta, la medida está genial. Vayamos a la mirada larga.

Durante toda la democracia, la política del Ayuntamiento ha sido atraer grandes empresas que durante algún tiempo dejaron buenos sueldos en Alcalá, hasta que se cansaron. Hay un refrán muy andaluz que lo resume: “Pan pa hoy, hambre pa mañana”. Esta política ha fracasado tras 30 años (llevamos ya casi 10 sin algunas de ellas, como Flex, Puleva, Roca, etcétera), quedando prácticamente la gran contaminadora de Portland, la de vidrio y poco más. Posteriormente se sustituyeron las grandes empresas industriales por las grandes empresas comerciales, como Eroski y el Centro comercial Los Alcores, que también ha pasado por sus crisis. Se trasladó el pelotazo industrial al pelotazo comercial, con peores condiciones laborales ya de por sí que los convenios colectivos industriales. Esta apuesta por el parque comercial dio un golpe fuerte al comercio tradicional alcalareño, hiriéndolo de gravedad. A esto se sumó la crisis de 2008, de la que nunca hemos salido ni lo haremos. Alcalá pasó a ser un semidesierto con locales cerrados, sobre todo en el centro. Esto no ocurre porque sí, ocurre por una política nefasta en materia económica del Ayuntamiento.

¿Os imagináis que la Liga de nuestros equipos de fútbol, Real Betis y Sevilla F.C., fuera jugar todos los fines de semana contra Real Madrid y Barcelona alternativamente? Pues eso es lo que hizo el Ayuntamiento con nuestros comerciantes; los echaron a jugar todos los días contra el Centro comercial Los Alcores. Y ahí casi siempre gana el más fuerte, por lo que evidentemente cada vez queda menos comercio local. Esto es una agresión directa del Ayuntamiento a nuestros comerciantes; pero hay más ataques, los indirectos. Los indirectos para mí son el dejar las competencias para que las asuma el “mercado”. El típico pensamiento de “no podemos hacer nada”. Esto se traslada, por ejemplo, a no establecer políticas de ayudas anuales para la expansión de nuestros comerciantes, la digitalización, la mejora de la sacrosanta competitividad (palabra que no me gusta nada). Nuestros pequeños empresarios se ven solos a la hora de actualizar y mejorar sus negocios en un mundo que no los espera, porque no espera a nadie. Hacer planes de ayudas para mejorar/ampliar/digitalizar comercios hubiera hecho que ahora estuvieran mejor preparados. Tampoco se ha invertido en párkings, en modelos de gestión urbanística más accesibles y eficientes, dificultando el acceso a los comercios. Tampoco han diseñado redes comerciales o plazas comerciales por barrios, para que la gente no se tenga que desplazar y compre en su barrio. Etcétera.

Si esos planes de digitalización, márketing, cooperación entre comercios, o urbanísticos, se hubieran llevado a cabo, ahora no pasaría lo que va a pasar; o al menos, no en la dimensión que va a tener. ¿Y qué va a pasar? Pues que esta crisis adelanta varios años el fin del comercio tradicional como lo conocemos. El capital va a dar otro salto brusco en la concentración, y otra vez en manos de unos pocos Amancios para que puedan continuar su labor de “donaciones”. Pongamos un ejemplo: una tienda de ropa debe esterilizar la prenda cada vez que una persona se la pruebe y no se la lleve. ¿Es esto sostenible para un pequeño comercio? Ojalá lo sea, pero lo dudo. Esto podrán realizarlo sin problemas las grandes marcas de distribución. ¿Cita previa para ir a comprar unas camisas? ¿Estamos locos? En el mundo del aquí y del ahora un click de ratón es más fácil. Algunos diréis que esta situación es solo puntual, pero ¿cuánto tiempo podrán aguantar nuestras tiendas ya de por sí muy debilitadas? Si esta situación de distanciamiento y control se prevé que va a durar hasta el año próximo, ¿cómo vamos a mantener el comercio? ¿Va el Ayuntamiento a dar 1.000 euros cada dos meses a cada comerciante? Creo que es inviable económicamente.

Con estas preguntas me gustaría cerrar el círculo abierto al comienzo del texto. ¿Qué suponen 1.000 euros ahora para los comerciantes? Yo personalmente creo que para muchos, casi nada. Para la alcaldesa sí, pues junto con las mascarillas regaladas con cartita incluida, supone un plan de márketing tremendo.

Por otro lado, por el lado vecinal, las redes se llenan de mensajes de compra en tu pueblo, haz turismo en tu comunidad, etcétra, pero yo me pregunto: ¿Se nos ha enseñado a ser solidario durante nuestra educación/formación? ¿Hemos aprendido a comprometernos con el vecino y su negocio? ¿Sabemos algo de lo que es la cooperación? No lo creo. Si no, fijaos cómo contratáis los seguros familiares o empresariales, la luz, el teléfono o incluso la banca. Del “pan pa hoy, hambre pa mañana”, solo nos vamos a quedar con el hambre.

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José Carlos Crespo

Andaluz de nacimiento y de conciencia. Licenciado en Historia del Arte. Empleado en muchas cosas y, sobre todo, activista.