Comercio Local

Un Rocío diferente

 Un Rocío diferente

Fotos del reportaje: José Antonio García Cordero

“Un miércoles de mayo por la mañana…” Así reza una tradicional sevillana escrita por el gran compositor José María Jiménez Oliva para el coro de la Hermandad del Rocío de Alcalá de Guadaíra a mediados de los años ochenta. Este 2020 no se podrán escuchar estas sevillanas por las calles de nuestra ciudad, ni el crujido de la carreta, ni el tintineo de sus campanitas. Este año se vivirá un Rocío inédito en Alcalá, pues su hermandad filial número 63, no irá al encuentro de su madre, La Blanca Paloma; hecho que no ocurre desde 1984, en el que se estrenó su maravillosa carreta de plata del afamado taller de orfebrería sevillano de Villareal.

El camino no se podrá hacer, pero sí tenemos la oportunidad de recrearlo, de revivirlo a través de la memoria. En este momento nos iremos al segundo año de peregrinación como filial, 35 años atrás. Será el año 1985, concretamente el miércoles 22 de mayo, y nos ayudará a ello las magníficas instantáneas del fotoperiodista José Antonio García Cordero. La misa de romeros ha empezado muy temprano, a las ocho de la mañana, numerosos cohetes surcan el cielo despertando a media Alcalá. La parroquia de San Agustín es un hervidero de gente entrando y saliendo, las campanas, de entonces, suenan a través de unos altavoces. El coro entona sus cantos por los numerosos palos de una misa flamenca, seguiriyas, fandangos, bulerías, algunos compuestos por el alcalareño Manuel Díaz Salazar. En el altar, el recordado José Luis Portillo González, fundador de la parroquia; y a su lado, su eterno sacristán, Franki, Francisco Bice de la Rosa. La hermandad ya está lista para salir. El Bendito Simpecado, confeccionado por Ana Tierno Conradi y la colaboración de la familia Casals Zamora, lo sostiene el hermano mayor, Manuel María Calvo-Júdici García, en la puerta de la iglesia, y después es entronizado en la carreta. Son aproximadamente las nueve de la mañana y la hermandad avanza hacia el centro de nuestra ciudad.

La hermandad en La Plazuela, son las diez de la mañana y hay una gran multitud contemplando el paso de los romeros. En primer término tenemos a un caballista y detrás el primitivo estandarte corporativo con una pintura con el escudo realizado por Isidoro Villalba. El carretero es el apodado Tapín, casi siempre ayudado por su hijo. La carreta va estrenando los tradicionales “frutos industriales” en sus varales, inmortalizados para siempre en una sevillana llamada ‘Un ramillete de panes’. Todavía no lleva sus característicos candelabros pero va “cuajá” de flores y detrás le siguen las “casas de los rocieros”. La Plazuela llena de coches y, ya abierta, en uno de sus ángulos, la Heladería Capri, donde se tomaban unas excelentes granizadas.

Son las 10:30 horas y la carreta está parada a la altura de Galerías Barea, uno de los pocos comercios que no han cambiado de nuestra querida calle La Mina. Una hilera de niños aguarda en la acera del parvulario de las Hijas de la Caridad y también en la de enfrente. Por aquellos años no era lectivo en Alcalá por tener nuestra Feria lugar en agosto, en honor de nuestra Patrona; de ahí la cantidad de niños con sus familias por el centro.

Cerca de las 12:30 y el tamborilero Antonio Alonso Gutiérrez ‘Mazacote’ marca el ritmo con su flauta y tamboril, acompañado de un guitarrista y varios palmeros. La hermandad ya ha pasado el puente de Carlos III y se dirige por la Retama hacia su primera parada en Montequinto.

Poco tiempo ha transcurrido desde el instante anterior y en esta icónica imagen vemos nuestro santo y seña al fondo, y la carreta avanzando por la Retama con sus devotos y hermanos detrás aferrados a la barra de las promesas y anhelos.

El calor aprieta y el cansancio ya se nota desde que la hermandad saliera desde San Agustín. Poco a poco se va alejando de su ciudad panadera para llegar a su primera parada, pero siguen sus rocieros detrás dando su testimonio de fe inquebrantable a su Virgen.

Y hasta aquí la primera jornada en la Alcalá de 1985. 35 años después nos encontramos con un Rocío diferente, sin romeros por los caminos, sin sevillanas, pero siempre con la Virgen y su Hijo en nuestro corazón, porque todos los días son Rocío y nuestros caminos, sean donde sean, llegan a Ella porque es “Causa de Nuestra Alegría”.

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Alberto M. Falcón Olías

Podólogo, enfermero y profesor alcalareño