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Rosa González: “En el teatro está todo, no hace falta buscar proyectos innovadores”

 Rosa González: “En el teatro está todo, no hace falta buscar proyectos innovadores”

Foto: Asociación Fotográfica Alcalareña (AFA)

Han pasado veinticinco años desde que Rosa González empezara a ejercer como profesora de Lengua y Literatura en un instituto. Catorce, en concreto, en el IES Albero. En ese tiempo no se ha dado una tregua en la enseñanza, ni tampoco en las actividades culturales que lleva a cabo fuera de horario. “No me levanto pensando en el viernes, sino en los proyectos de cada día”, aclara, y a renglón seguido desgrana los detalles del próximo montaje teatral que prepara con los alumnos. Apasionada de la dramaturgia reciente, Rosa González asegura que en “el teatro está todo”, uno de los métodos más innovadores de expresión y aprendizaje. “¿Para qué ir más lejos?”, se pregunta.      

 

Vengo a esta entrevista recomendado por Alicia Tirado, quien fuera su compañera y mentora en el IES Albero. Ella me ha elogiado su trabajo en el departamento de Lengua y Literatura. No es mala carta de presentación. ¿Qué me diría sobre ella?

Alicia es un gigante de la educación, además de un referente en lo personal y en lo profesional, por su capacidad de trabajo, su entusiasmo… Cuando se fue, me tocó a mí la patata caliente del departamento. Dejó el listón muy alto, insuperable. Siempre será la jefa del departamento de Lengua del Albero. Pasaremos por ahí muchos, pero la que de verdad sentó las bases, los objetivos a largo plazo, lo que no podíamos permitir y por lo que había que luchar, fue ella. Eso que está en el ambiente y no está escrito en ninguna programación es suyo. Cuando se jubiló, me pareció un disparate, porque estaba fantástica, con la ilusión y la energía de siempre. Debería haber un cauce para que profesoras así siguieran vinculadas a la enseñanza.

Entre sus propuestas para incentivar la literatura entre los alumnos está el “Círculo de lectores” o los talleres de teatro. ¿Qué pueden aportar las artes escénicas a la enseñanza?

Creo que el teatro está poco y mal utilizado en la enseñanza, sobre todo ahora que se habla tanto de la expresión oral, la interdisciplinariedad… Para eso no hace falta ir más lejos. En el teatro está todo, no hace falta buscar proyectos innovadores. El trabajo en grupo, la autoestima, la disciplina, la memorización, la creatividad, el crecimiento personal… están en el teatro.

¿Qué respuesta ha tenido por parte de los alumnos en estas iniciativas?

Siempre hay alumnos para hacer teatro. A veces desconfiamos de los chavales, pero les propones algo que merece la pena y te siguen. Como en el mundo de los adultos, no te va a seguir un ochenta por ciento, pero siempre he tenido un grupo de teatro, que ha ido de tres a veinte alumnos. Y además, fuera de clase, hemos hecho el “Círculo de lectores”, dramatizaciones, concursos… Todo en los recreos o por las tardes. Eso conciencia a los niños, porque ven el esfuerzo que hay detrás de una pasión, lo que cuesta.

¿Con qué obras se ha atrevido?

Me gusta adaptar y recrear. Y me gustan las obras que tengan contenido, que cuando nos reunamos sea para decir algo, para que sepan que se puede decir algo desde un escenario y que nos pueden escuchar, que vamos a conseguir un minuto mágico en el que todo el mundo se va a olvidar de todo y van a estar pendientes de ellos. Eso es mágico. Lo último que hemos hecho es sobre los refugiados, hemos seleccionado textos de autores contemporáneos; otros los hemos creado nosotros a partir de lecturas de entrevistas, cómo se ve la inmigración en los medios y cómo es la realidad. Hemos hecho diez escenas con textos nuevos.

¿Y fuera del instituto lo ha intentado? ¿Ha hecho sus pinitos en el teatro?

No, me he formado con un máster, pero siempre he trabajado a nivel de alumnos.

Foto: Asociación Fotográfica Alcalareña (AFA)

Un compañero suyo del Albero, Juan Antonio Muñoz Andrade, me dijo en otra entrevista que “el imperativo se conjuga mal con el verbo leer”, que prefería sugerir. En su caso, ¿lo intenta por otras vías?

Siempre estamos con esa discusión. Creo que si no se obliga un poco, la competencia que tenemos con la imagen es brutal. Para atravesar esa puerta, hay que dar un empujoncito. Yo trabajo siempre con “Círculos de lectores”, pero, ya te digo, en el recreo. El bocadillo se come hablando de libros. Ahí hemos leído de todo, desde Harry Potter a libros de más enjundia. Por supuesto que hay que sugerir, pero también obligar un poco. Hoy día la lectura requiere un esfuerzo para los alumnos que no nos imaginamos… Leer un texto en profundidad les requiere un esfuerzo grande. Y hay otra cosa: si llegas a clase hablando de un libro porque te ha gustado, no porque esté en ningún plan, eso funciona más que obligar. Igual que mostrar muchos libros y aconsejar individualmente cuando se conoce al alumno.

Hace unos años me topé con un artículo que decía que leer sirve para follar. ¿Ha tenido que recurrir alguna vez a esos argumentos para convencer de que la literatura es práctica?

No, pero hay muchos trucos. Por ejemplo, un compañero nos proponía decir que no leyeran el libro en cuestión, que no se les ocurriera leer El Quijote, que estaba prohibido, porque así seguro que habría alguno que lo leería, por llevar la contraria. Yo creo en los chavales, y pienso que no se lee tan poco como se dice, ni están tan poco interesados en la literatura. Siempre hay un grupo que se salva. Solo por esos merece la pena, hay que estar con ellos. Es verdad que con los 13 o 14 años hay un bajón, no sé por qué. Pero tengo alumnos de 1º de la ESO que leen mucho. Luego se recupera.

Si pudiera decidir qué libros “recetar”, más allá de los planes de estudio, ¿qué recomendaría?

Nosotros este año hemos sido valientes en el departamento, hemos abandonado un poco la literatura juvenil. Cada año proponemos algo nuevo en la lectura. No estamos tan encorsetados. Ahora la ley es muy abierta para decidir qué pueden leer los niños. A veces, somos nosotros, los profesores, los que aconsejamos mal, pensando que a un niño de 14 años solo le interesan aventuras de adolescentes, sexo y drogas. De hecho, en nuestro departamento ponemos un libro obligatorio, y luego un listado muy amplio de obras para que cada uno elija lo que quiera. Cada año académico lo dedicamos a un tema. Este curso es el futuro, y estamos leyendo El cuento de la criada, 1984 y Fahrenheit 451.

Y en lo personal, ¿cuáles son sus libros imprescindibles?

Leí siempre mucho cómic. Empecé con Mortadelo y Filemón, Sacarino, Rompetechos… Me encantaban. Y luego con los de aventura, las novelas de Julio Verne. Y a partir de ahí, todo muy a lo loco, iba al armario de mi padre y cogía de todo. Cosas que no debería haber leído a mi edad. Leí el Romancero tradicional, porque lo tenía mi abuelo, que había sido maestro, y desde muy pequeñaja me sabía los romances. He leído de todo. Ahora, mucho ensayo relacionado con la memoria, la historia.

¿Y el teatro leído? ¿O lo prefiere representado?

Desde los noventa hay un teatro de la palabra interesante. Antes eran los dramaturgos los que creaban la obra, la dirigían, y había mucho espectáculo, no tanto para leer. Pero, como digo, desde los noventa hay un teatro que se puede y se debe leer, como el de Juan Mayorga, Laila Ripoll, Angélica Lidell… Lo ideal del teatro es ir a verlo, pero hay otro que merece la pena ser leído, como el que se hace en la línea de Sanchís Sinisterra, pero con otro tipo de realismo. Ahí tiene mucho que decirnos el teatro. En el Albero hemos puesto una obra de Mayorga, El chico de la última fila, y gusta. Y este año vamos a probar con una de Laila Ripoll, Los chicos perdidos.

¿Con qué grupos de alumnos trabaja para esos montajes?

Los mezclo, ahí cabe todo. El taller de teatro está abierto a todos, ESO y Bachillerato. Incluso hay alumnos que ya han salido del instituto o han acabado la carrera y vienen a echar una mano. Es curioso. Nuestra monitora de teatro, Laura Távora, que me enseñó un poco de expresión corporal, empezó conmigo en 1º de la ESO. Hay antiguos alumnos que echan una mano en sonido… Y esto es, quizás, lo más bonito de este proyecto: la continuidad que ha tenido con los alumnos a lo largo de los años.

¿Cómo encara el reto de las nuevas tecnologías? La dopamina que dispara un like en redes sociales es muy diferente a la de un libro.

Creo que ahora, más que nunca, es necesaria la palabra. Tenemos que ser un muro de contención. Las nuevas tecnologías son un instrumento maravilloso, pero a estas edades hay que frenar un poco. Sobre todo, porque estamos perdiendo la capacidad de concentración. Eso en un chaval de 12 o 13 años se nota mucho. Te exigen que estés continuamente cambiando de tema, de imagen. Entienden eslóganes, pero no frases con cierto contenido. Y está pasando en chicos de 2º de Bachillerato, y eso me parece ya un peligro. Si se utilizan bien esas tecnologías, estupendo. Pero “en lugar de”, no. Creo que nos equivocamos ahí. Lo de los centros TIC fue un boom. Hay compañeros que se han volcado en exceso en este tema, y hay que tener cuidado. Estamos perdiendo densidad en el pensamiento en general, profundización, la capacidad de distinguir los matices. Hay alumnos que tienen problemas para identificar una ironía. Ya casi no se cogen apuntes, y son necesarios. Puedo colgar mi tema en el aula virtual, pero los apuntes te ayudan a mantener la concentración, a seguir el hilo. Y los chavales no están acostumbrados a eso, sino a órdenes concretas: copia, escribe, eso entra en el examen… Se quedan con eso.

También hay otras discusiones, como la del veto o la presión de los padres en cuanto a los contenidos de las clases. ¿Cree que va a ser algo permanente o pasajero?

Yo no lo he notado aquí. Creo que los padres están preocupados por otras muchas cosas. A veces creamos problemas que no existen. La presión de los padres ha existido siempre, con los hijos mimados en exceso, como reyes de la casa. Quizás los padres cuidan poco la disciplina. A un niño de 12 años, que lo considero pequeño y creo que debería seguir en el cole, y no en el instituto, hay que decirle lo que está bien y lo que está mal. Los padres, probablemente en su afán de protección, no han puesto las cosas claras en ese sentido. Imagino que en la educación que recibí y la que se da ahora se ha abierto una brecha. La preocupación de dialogarlo todo con niños que son muy pequeños es contraproducente. Y luego, pienso que a un niño hay que decirle claramente las cosas, sin titubeos. También es cierto que los niños están ahora menos con su familia… Han cambiado la educación, los padres y la sociedad. No es que haya cambiado la educación, hemos cambiado todos. El mundo de ellos, con lo digital, no es mejor ni peor que el nuestro. Es otro mundo, y no podemos medir con nuestros recuerdos. Ellos se mueven en otro mundo.

Centrándonos en Alcalá, ¿cuáles son los retos y las carencias a nivel educativo?

Para nosotros, en el Albero, la parte más evidente es que casi se nos está cayendo el techo. Hemos llegado a un descuido en Alcalá… Un descuido por los centros escolares, una falta de previsión… No solo se nos cae el techo en el gimnasio, es en todo el instituto. Durante años, ha estado puesto un artilugio en el aula de Dibujo para que saliera el agua cuando llovía. Y lo mismo que digo esto, en otros centros pasan por otros problemas: la masificación, el deterioro de los centros… Eso es evidente y quizás nos habla la importancia que tiene la educación en la política.

Y en cuanto a plazas, también existe la necesidad de un nuevo instituto…

¿Crees que eso lo veremos? Cuando llegué a Alcalá a dar clases, hace 14 años, me dijeron que se iba a hacer un nuevo instituto. No entiendo que este pueblo no se movilice más por eso, debería estar todo el mundo en la calle. Primero, por el mal estado en que se encuentran los centros, como el nuestro. Que haya tenido agujeros en el techo, a mí me parece escandaloso. O que haya centros como El Madroño, sabiendo que se iba a llegar a ese momento. No ha sido un problema sobrevenido. Se deberían haber hecho las previsiones pertinentes. Tampoco entiendo la apatía o la dejadez por este tema. Hay que pararse y decir que no se puede seguir así. 

Por último, para seguir con una cadena de entrevistas, ¿a quién me recomendaría para una próxima charla relacionada con la enseñanza y Alcalá?

A Manuel Jesús Roldán, también profesor del Albero. Siempre resulta muy interesante por todo lo que dice. La suya es otra visión. Es un auténtico líder con los chavales, y es admirable por la cantidad de proyectos en los que trabaja.

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José Romero

Periodista y guionista, coordinador de '41500 Revista digital de Alcalá'