Seguir estudiando, a pesar de todo

 Seguir estudiando, a pesar de todo

Ya es oficial: el curso escolar presencial no comenzará hasta septiembre, salvo excepciones. Esto significa que las familias van a tener que continuar supervisando dos meses más el trabajo académico de sus hijos e hijas desde casa. Ya se alzan las voces afirmando que eso es un escándalo, que los padres y las empresas se encuentran desolados, desesperados por el anuncio del gobierno. Según algunos medios, las madres y los padres trabajadores van a tener serias dificultades para conciliar su vida laboral y familiar. Pero no, no nos despistemos: nunca debió recaer sobre la escuela la conciliación laboral. El verdadero debate debe ser y seguir siendo otro muy diferente.

Sabemos que estos meses de confinamiento no están siendo unas vacaciones. Las familias trabajadoras de Alcalá están luchando por la supervivencia, y aquí empieza quizá una de las mayores dificultades que enfrenta hoy la educación pública. El alumnado (estoy pensando, por ejemplo, en el alumnado de Secundaria) se puede preguntar: ¿para qué seguir estudiando? La cuestión de la desgana en los centros educativos es recurrente, pero ahora es cuando más debemos rebatirla: se debe estudiar aunque sea desde casa, se debe estudiar aunque a veces nos parezca aburrido, con instrumentos básicos, libro y cuaderno. No caigamos en el consumismo de la educación, en creer que la educación debe ser un parque de atracciones que sea fácilmente asimilable, un atractivo producto para el estudiante-consumidor, de usar y tirar. La educación es, sencillamente, una herramienta fundamental para la formación integral de las personas y, no lo olvidemos, es la llave de un futuro laboral decente o menos precario. Por eso, y volviendo al tema del confinamiento, el esfuerzo por sacar el curso debe ser ahora el doble, no la mitad. No se trata de exprimir al alumnado pero, ante las dificultades, las familias sin privilegios no podemos permitirnos fallar, debemos crecernos, ser mejores y dar la talla, por el bien de nuestros hijos e hijas.

En otras palabras: los privilegiados podrán relajarse en estos tiempos inciertos, pero nosotros no. Habrá familias pudientes que no tengan que preocuparse ni por los aprobados ni por los suspensos ni por las notas medias, porque sus hijos tendrán el trabajo asegurado en un futuro, tendrán las relaciones más convenientes, los contactos correctos, todos los medios a su disposición. Nosotros, en una Alcalá con unas diez mil personas en paro, alrededor de un 30% de la población activa, y cada día menos posibilidades laborales, no podemos relajarnos. Nosotros, los andaluces y andaluzas que están sufriendo esta nueva crisis más que otros lugares por nuestra dependencia de los sectores económicos más inestables como son la agricultura y el turismo, no podemos desanimarnos. Nosotras, las mujeres que estamos en permanente desventaja y con trabajos más vulnerables, debemos trabajar sin descanso. Y es importante recordarlo porque Alcalá y Andalucía tienen sus particularidades y no son ni Madrid ni Suecia. No dejemos que los medios piensen por nosotros y nos desorienten con cuestiones espurias que nos hacen olvidar quiénes somos.

Esto implica confiar en el profesorado que educa a nuestros hijos e hijas. Es conmovedor el alumnado náufrago, que tiene en estos días en sus profesoras y profesores su único faro: pregunta dudas, participa en las videoconferencias e intenta llevar a cabo a tientas lo que se le pide del mejor modo. En realidad, todos estamos deseando recuperar la estrecha relación y la calidez que dan la enseñanza cara a cara, cuerpo a cuerpo, algo que Internet no podrá sustituir jamás. Seguro que se estarán cometiendo fallos, que habrá que mejorar la teledocencia para que sea más operativa, acomodar la metodología, repensar el tema de los deberes o de qué tipo de deberes… Eso sin duda. Pero todo con tiempo, paciencia, esfuerzo y un objetivo claro: ser siempre mejores. Este trimestre, luchemos esta batalla contra la desgana y contra debates que deben permanecer fuera de lo académico. Saquemos buenas notas, intentemos aprovechar el tiempo. Y, en septiembre, ojalá nos reencontremos con un abrazo en las aulas: habremos aprendido a superar juntos las dificultades.

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Begoña Iza

Licenciada en Historia del Arte y profesora de Geografía e Historia en el IES Albero. Activista y defensora de un mundo justo.

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