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Galerías subterráneas: un tesoro bajo los pies

 Galerías subterráneas: un tesoro bajo los pies

Hay una Alcalá oculta, que se pisa a diario y no se ve. Es la Alcalá que circula debajo de nuestros pies, compuesta por kilométricas galerías subterráneas que hacen del pueblo un enorme queso gruyer. Después de décadas de exploraciones por parte de la Sociedad Espeleológica Geos, esta histórica red de canalizaciones, que abasteció de agua a Sevilla, reclama atención y mantenimiento. El proyecto varado de acceso al molino de La Mina singulariza el olvido hacia un patrimonio de incalculable valor.

Corrían los años sesenta del siglo XX cuando un grupo de jóvenes se introdujo por primera vez en las entrañas de Alcalá, espoleados por un espíritu que rayaba entre lo científico y lo deportivo. Con pocos medios, y no sin asumir riesgos, aquellos integrantes de la recién nacida Sociedad Espeleológica Geos descubrieron en las galerías subterráneas un testimonio intacto de la historia local. Poco a poco, las exploraciones se harían sistemáticas y darían sus frutos en mediciones y estudios, cuyos resultados confirmaron algo que se intuía pero nunca se llegaba a constatar con exactitud: la envergadura de una de las obras hidráulicas más relevantes de España.

Más de cincuenta años después, esas incursiones de Geos en las “tripas” de Alcalá siguen estando de actualidad, aunque esta vez por su ausencia o por el carácter esporádico de las mismas. El presidente de la sociedad, Genaro Álvarez, lamenta que en los últimos años se haya frenado la investigación, debido a la inactividad del convenio firmado con el Ayuntamiento en 2001. Con ello, no solo se dejan de aportar datos interesantes para el conocimiento de esa inmensa red de galerías –muchas de ellas, inéditas aún–, sino que se abandona la conservación de un “patrimonio subterráneo” que “corre un grave peligro de no tomarse medidas protectoras serias, estrictas y eficaces”.

Más de cincuenta años después, esas incursiones de Geos en las “tripas” de Alcalá siguen estando de actualidad, aunque esta vez por su ausencia o por el carácter esporádico de las mismas

Según Genaro Álvarez, “sería conveniente revisar el estado de las galerías de forma periódica” en labores de mantenimiento y prevención. En este sentido, destaca los derrumbes que se han dado en determinadas zonas, el arrojo de escombros a través de las lumbreras, o bien el cubrimiento que se ha producido, por ejemplo, con motivo de las obras de la SE-40 en las inmediaciones de la Venta La Liebre.

“Patrimonio subterráneo”

Para entender la importancia de este “patrimonio artificial subterráneo”, como prefiere llamarlo Genaro Álvarez, solo hay que observar la antigüedad del acueducto que, durante siglos, surtió de agua a la población de Sevilla y a enclaves tan destacados como las huertas de La Buhaira o el Alcázar. Esta conducción bajo tierra, que supera los 12 kilómetros, se remonta a época romana. Una crónica de Ibn Sahid al-Sala, del año 1172, atestigua que dicha obra ya existía en aquel periodo, lo cual fue aprovechado por los almohades para remozar el antiguo trazado durante el reinado de Abu Yaqub Yusuf. Y una vez más, ya a finales del siglo XIX, lo reutilizaron los ingleses de la Seville Water Works Company; hasta llegar a ser propiedad de Emasesa, empresa que realizaba un mantenimiento semanal aún en la década de los ochenta del siglo XX.

Se desconoce cuántas personas pudieron intervenir en las duras excavaciones originarias, hechas a pico y pala, con asfixiantes temperaturas –hay constancia de que se emplearon niños, como demuestran pequeñas huellas de pies–, aunque sí se puede tener certeza sobre la densidad del material excavado, sobre todo, calcarenita. Según los estudios de Geos, únicamente para un tramo de galería de 0,85 metros de ancho por una altura de 2 metros, que equivaldría a 1,70 metros cuadrados, se sacaban 3,6 toneladas de material. Unas cifras que, si se tiene en cuenta la extensión total del acueducto, ponen de relieve la extraordinaria magnitud de la obra.

Pero, como recuerda Genaro Álvarez, a pesar de ser el elemento más llamativo y “monumental”, no solo por el acueducto a Sevilla sobresale el entramado de galerías subterráneas de Alcalá. Otras muchas zonas –como Oromana, Dehesa Nueva, Gandul, Majadillas, Cortijo Maestre, Cercadillos, el camino de bajada a Las Aceñas, Gallegos o Retama– siguen sin explorarse en profundidad; lo cual aportaría, sin duda, datos de interés para calibrar la importancia de ese conjunto de caminos invisibles que se esconden bajo nuestros pies. Como apuntan en Geos, “explorar cavidades artificiales es como realizar un viaje al pasado”. Y en ese aspecto, Alcalá tiene aún muchas rutas por descubrir.

Acceso al molino de La Mina

Más allá de la referida falta de conservación, otra de las consecuencias que se derivan del olvido del Ayuntamiento a las exploraciones en las galerías subterráneas es la parálisis de proyectos que se habían iniciado en esta línea. Por ejemplo, en 2003 se inició el proceso para declarar este conjunto como Bien de Interés Cultural. Diecisiete años después se continúa sin respuesta por parte de la Junta de Andalucía en este asunto. Y de la misma forma, sigue varado el proyecto municipal que pretendía hacer visitable el molino de La Mina, a través de un acceso acristalado que se iba a situar a las puertas del teatro Gutiérrez de Alba. La iniciativa, que se presentó en 2009 y se valoró en 548.800 euros, se aplazó con el pretexto de la crisis económica y nunca se retomó.

Mientras tanto, como apunta Genaro Álvarez, una de las grandes joyas del patrimonio local, como es este molino de La Mina, “se sigue inundando parcialmente y puntualmente”, debido a tapones que se han formado en zonas cercanas. Por lo cual, a medida que pasa el tiempo, se hacen más complicadas y costosas las posibles intervenciones que habilitarían la entrada a una construcción histórica, desconocida por la mayor parte de los alcalareños.

Asimismo, el presidente de Geos remarca que siguen pendientes otras indagaciones, como las que podrían descubrir “el recorrido de una galería que llega hasta la iglesia de San Sebastián” o las que determinarían con precisión el nacimiento de la fuente principal de las aguas subterráneas en Alcalá, que, desde la sociedad espeleológica, sitúan en el entorno de la antigua Harinera del Guadaíra. Al igual que quedaron postergadas las tareas para recuperar el manantial de Oromana, o las colaboraciones con distintos departamentos universitarios, que debían ofrecer nuevos datos en parcelas como la Historia, la Geología o la Biología. Trabajo pendiente que se acumula, a falta de reactivar las exploraciones e investigaciones, “que siguen siendo muy necesarias”.

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José Romero

Periodista y guionista, coordinador de '41500 Revista digital de Alcalá'